Los problemas, mejor de proa

Buque quimiquero Fenol navegando en aguas de Terschelling, Holanda. Acuarela.

Mientras estoy escribiendo esto, estoy recordando las mil y una veces que he tropezado en la vida y me he tenido que volver a levantar. Algunos seres humanos somos así, torpes hasta decir basta. Por eso no sé si es mejor contabilizar cada vez que aprendemos algo de todo eso, que contar las caídas. Sería más gratificante al menos en mi caso.

Solo por tratar de buscar un ejemplo gráfico sobre cómo afrontar un problema con el que no cuentas, me viene a la mente las nada amenazantes olas del mar del Norte. Y digo nada amenazantes porque cuando las ves no te parecen enormes, pero cuando las rompes con la proa da la impresión de estar en medio de un temporal del Atlántico. Pierdes la visibilidad por unos segundos mientras la ola rota barre toda la cubierta hasta el puente. Se te queda cara de atontado por la virulencia y te dices a ti mismo, pues no pensaba que fuera para tanto.

Así son los problemas pequeños cuando crees que son pequeños, pero que en el fondo te hacen perder la perspectiva de las cosas.

Y es que los problemas, es mejor cogerlos de proa. Pierdes un poco de visibilidad por un momento, pero al menos no pierdes estabilidad.

Albuferencs

Acuarela 10×15 sobre cuaderno

…el paisaje no podía ser más levantino. En aquellos años de principios del siglo pasado, las nubes algodonosas corrían el cielo de Valencia igual que en la actualidad, con un viento del mar que impulsaba a los albuferencs a todo trapo a lo largo y ancho de la Albufera. Como mulas de carga silenciosas, surcaban las aguas someras cargadas de matas de arroz que traían desde el sur del lago hacia los puertos del Tremolar y Catarroja, donde las trilladoras esperaban para separar la paja del grano. Eran barcas alargadas, de quilla plana, que podían perfectamente cargar  hasta 9.000 kilos de mercaderías, y que transitaban por el lago creando un tráfico interior que hoy solo se recuerda en vagas fotografías y escritos. Las velas latinas henchidas por el viento del plá de Valencia eran como pañuelos blancos que, en contraste con el azul del cielo y los tonos verdosos del agua, mostraban su lado más elegante.

Si el viento caía, se propulsaba a la percha y por turnos. En algunos casos al caer la noche, la navegación se realizaba tomando referencias por la claror de l´aigua con la luna o en muchos casos, por el faro del puerto de Valencia, que no solo orientaba a los barcos mar afuera, sino a toda la navegación interior.

A veces, el silencio de la  vela se veía interrumpido por el sonido indiscutible de la barca-correo Ravatxol, que unía los puertos del Palmar y Catarroja, llevando a bordo la correspondencia de los pueblos del sur y el pasaje que iba hacia la capital. Su musical motor Bolinder-Munktell interrumpía los espacios de calma mientras las azarosas barcas, barquetots o barcots se abrían paso gracias a la pericia de los barqueros.

En el Portet del Perelló también se esperaba al correo de Valencia, los medicamentos de las boticarias, las noticias y los encargos que los habitantes del lago hacían a los barqueros.

Recuerdos románticos quizá, de otra navegación más sostenible.

Hasta siempre Caballero

Acuarela nocturna del buque Sierra Lara

Se nos ha ido José Manuel Caballero Bonald, otro marinero en tierra, otro poeta andaluz. Aquí os dejo uno sus poemas más especiales para mí. ¡Hasta siempre Caballero!

NOCTURNO CON BARCOS

Siento pasar los barcos por dentro

de la noche. Vienen de un transitorio

distrito del invierno y van a otro interina

estación de argonautas, esas rutas

quiméricas que rondan

los fascinantes puertos de la imaginación.

Invisibles a veces, surcan

las cóncavas comarcas de la niebla,

pertenecen a un mundo despoblado,

a alguna procelosa tradición

de vidrieras marchitas, se parecen

a la emoción que queda detrás de algunos sueños.

Llega hasta aquí el empuje

respiratorio de las máquinas, el empellón

del agua en sus amuras, y a veces

una sirena desenrosca

la disonante cinta de su melancolía

por los opacos círculos del aire.

La cifra de esos barcos es la mía.

Con ellos cada noche, se va también mi alma.

J.M. Caballero Bonald

La línea valorada

En dibujo, llamamos línea valorada al trazo que enfatiza y remarca la forma. Si para nosotros la línea es una manera de abstracción, de delimitación entre el vacío y el todo a la vez, encontramos en la línea valorada el motivo para seguir ese viaje. Variar la intensidad es lo que hace se que rompa la monotonía y dota de carácter y expresividad el tema.

Sobre el nivel del mar

Acuarela “dos violines”

Son las 10 de la mañana de un fresco mes de junio en Bregenz, Austria. Esta localidad ribereña situada junto al precioso lago Constanza está de gala. Se celebra una nueva edición del famoso festival de música que desde finales de la segunda guerra mundial ameniza con su espectáculo la belleza de uno de los lagos más increíbles del corazón de Europa.

Los músicos de la Orquesta Sinfónica de Viena, descienden de los autobuses y comienzan a recoger sus instrumentos debidamente colocados en el enorme remolque contiguo. Por delante, quedan muchas horas de ensayo sobre el magnífico escenario flotante (Seebühne) que por la noche rendirá homenaje a la ópera Aida de Giuseppe Verdi. Hay sonrisas en el ambiente y cierto nerviosismo. Todo se mezcla entre la afanosa actividad de los organizadores  y de un staff organizado que estará detrás de los músicos, intérpretes y extras de la obra.

Desde la terraza del Casino un numeroso público que con toda seguridad acudirá por la noche al acto, les observa con orgullo patrio. La flamante Wiener Philarmoniker, orquesta asignada al festival desde sus inicios, tiene también su propio escenario flotante. La puesta en escena es espectacular y si hay algo que lo convierte en inigualable son las enormes piezas móviles de atrezzo que dotan de una magia única a la obra.

No muy lejos de Bregenz, en el puerto de Lindau (Alemania), el vapor de paletas Hohentwiel se dispone a zarpar con un grupo de turistas con los que realizará un mini-crucero por el Bondesee hasta el atardecer. Momento en el que pondrán proa al puerto de Bregenz para unirse al resto de los espectadores de Aida.

Si hay algo que fluye a lo largo y ancho de este precioso lago situado a 395 metros sobre el nivel del mar, es el cuidado de las costumbres y las tradiciones. La cultura no tiene fronteras en este lugar insólito donde Suiza, Alemania y Austria conviven y comparten sus aguas en perfecta armonía.

Tanto el vapor Hohentwiel (1913) como la motonave Oesterreich (1928) son un claro ejemplo de cultura marítima y tradición. Aunque inicialmente fueron barcos de línea que unían los puertos más importantes del Bodensee, hoy se dedican a excursiones turísticas con música y buena cocina a bordo.

Actualmente el lago está interconectado gracias al servicio de la Bodensee Schiffahrt que tiene establecida una extensa red de escalas entre puertos de primera categoría y pequeños embarcaderos.

Mientras tanto, la música ya suena y comienza el espectáculo!!!

Más información:

Barcos Hohentwiel y Oesterreich

Festival de música de Bregenz

Orquesta Filarmónica de Viena

Plano de rutas por el Lago Constanza

Lago Constanza

Homenaje

Hoy es el día del libro y debería estar hablando de una de mis publicaciones hechas o en proyecto, pero quiero aprovechar para recordar la memoria de uno de mis colaboradores editoriales.

El pasado 28 de marzo nos dejaba a causa de esta pesadilla llamada Covid, el Capitán de la Marina Mercante D. Ángel Maruri Larrabe,  sin duda una de las personas que más ha hecho por la historia marítima de nuestra Marina Mercante y muy en especial, por la historia de su Plentzia natal. Como muchos sabéis, esta villa vizcaína y sus alrededores  es de sobra conocida por su gran tradición marinera y por ser cuna de infinidad de Capitanes y Pilotos de la Marina Mercante. Ángel Maruri siempre fue un hombre comprometido con la historia marítima y prueba de ello es que fue uno de los fundadores del Museo Plasentia de Butrón.

Trabajar asesorado por él siempre fue una experiencia enriquecedora y tengo un grato recuerdo a su lado. Son muchas las colaboraciones que hicimos juntos. Ya sea en forma de libros o para el propio museo. Siempre acogió mi trabajo con interés, divulgando mi obra y promocionándola allá donde veía la ocasión. Además de todo esto, gracias a él he tenido la oportunidad de conocer a grandes personas a las que me une una sincera amistad.

Como homenaje a este gran compañero de profesión, dedico esta acuarela alegórica sobre dos barcos en los que navegó. Los buques de pasaje Cabo de Hornos y Cabo San Vicente de la naviera Ybarra & Cía, en aguas de Rio de Janeiro.

Siempre tendré presente su enseñanza, su consejo y su generosidad.

Gracias Capitán Maruri.