Escala en Salerno

Sábado 21 de Septiembre de 1974

l: 38° 17ˈ 16ˈˈN – L: 15° 41ˈ 10ˈˈE

HRB: 0800

Dejaron atrás el Estrecho de Messina y toda su mala leche  después de pasar una noche dando los bandazos suficientes como para marear al gato que no llevaban  a bordo. Por la proa se abría un mar Tirreno totalmente encalmado que ayudaría a conciliar el sueño tras una guardia con muy mala visibilidad y mucho café. Las mitológicas y temidas Caribdis y Escila les despedían por la popa con un arco iris realmente hermoso, dejando una cubierta húmeda que brillaba intensa con los primeros rayos de sol.

Navegaban desde Alejandría hacia Barcelona con un completo de algodón en balas y lo normal hubiera sido ir por el Sur, cruzando el canal de Sicilia, sin embargo al poco de zarpar recibieron un cable desde Hamburgo para que cambiasen el rumbo y se dirigieran al puerto de Salerno. Allí cargarían una cubertada de 25 automóviles Alfa Romeo Alfasud que iban para el concesionario de la marca del Quadrifoglio Verte en la ciudad Condal. Era una escala no programada que se antojaba rápida de despachar, pero era sábado y además no contaban con que al llegar a Salerno se encontrasen celebrando la fiesta de su patrono, San Mateo. Y es que según se cuenta, las reliquias del evangelista se encuentran en la catedral de la ciudad.

HRB: 1540

l: 40° 15ˈ 08ˈˈ N –  L: 14° 53ˈ 08ˈˈ E

Dejaron por el través de Estribor (Er) el faro de la isla de Licosa y aminoraron la marcha. El capitán debía decidir si fondear y esperar a que pasasen los festejos o entrar a puerto para asegurar el atraque, no sea que se ocupara por otro buque preferente y el tiempo de plancha se disparase. Quizá el día soleado y las ganas de estirar las piernas en tierra le animó a lo segundo.

A los diez minutos de tomar la decisión ya se sabía a bordo que entrarían a puerto. Y es que las buenas noticias vuelan, y cuando son malas también.

-¡Me pienso comer una pizza más grande que la rueda del timón!- exclamó Vicentín, el alumno de puente.

-¿Con toda la gastronomía que hay en Italia y te vas a comer un pizza en tu primera escala?- espetó Gabriel, el Segundo Oficial.

-¿Hay algo más italiano que una pizza?- preguntó el muchacho mientras miraba el compás y corregía el timón a Babor (Br).

-Haz caso de los que saben y así verás mundo- dijo el Capitán entrando por el alerón de Estribor con los prismáticos.

-¿Dónde está el “Radio” que no lo veo en su puesto?

-¡Aquí llego Capitán!- respondió Benet que aparecía de la nada con una  humeante taza de café.

-Llama a los prácticos y diles que estamos casi a tres millas y que vamos para dentro, a ver que dicen.

-A los de abajo, atención a la máquina en veinte minutos- dijo al Segundo señalando el Telégrafo.

-Alumno, mantén el timón en el 348° hasta ver que dicen éstos- ordenó el Capitán mientras bajaba por las escaleras a su camarote.

El Alborán navegaba tranquilo enfilado hacia la “verde” del rompeolas de Levante mientras recibían confirmación del atraque y el práctico se dirigía a ellos. Tras esperar a cinco cables de la bocana la salida de un Grimaldi tomaron remolque y atracaron en el Molo Tre de Gennaio estribor al muelle. En el cielo de la ciudad, fuegos artificiales parecían darles la bienvenida y el ambiente festivo impregnaba la tranquilidad de los muelles ocupados por atados de madera, contenedores, clinker o puzolanas. Ni rastro de los Alfa Romeo que tenían que cargar para Barcelona.

Poco más tarde, el Capitán recibía a bordo a la Guardia di Finanza y entregaba la lista de tripulantes mientras miraba de reojo al Oficial de Radio ajustándose el reloj de pulsera con ropa de calle. A su lado el alumno, el Primero y Segundo Oficial haciéndose los tontos pero esperando que el “viejo” se quedara solo para “negociar” la hora de regreso al barco.

-¿Y estas prisas?

-Hemos decidido que vamos a enseñarle al alumno lo bien que se come en Italia.

-¿Solamente le vais a enseñar la gastronomía? ¡Que ya nos conocemos!

-Una cena y pal barco- respondió Benet el catalán, guiñando el ojo al alumno.

-Aprovechad al Consignatario para salir del puerto y que os lleve a donde le digáis.

-Y mañana sobrios, que vamos hacer ejercicios de abandono del barco.

Junto a la escala les esperaba el consignatario mirando el reloj con cierta impaciencia mientras decía no se qué de la “festivittà”. Subieron en su Fiat 125 y salieron zumbando del puerto. Andoni solía ser el guía turístico en todas las escalas puesto que era el que más años llevaba en la profesión y además como buen vasco, sabía dónde comer muy bien. Despidieron al consignatario en la Vía del Porto y subieron a un taxi que los llevó por todo el “lungomare” hasta Agropoli.

Una hora tardaron en llegar hasta el mítico restaurante Il Cormorano, que ese día tenía algo de ajetreo probablemente por las fiestas de la vecina Salerno.

-¡Vas a ver lo rica que es esta cocina!- dijo Gabriel señalando al alumno la carta que había en la entrada anunciando Tonno Rosso fresco.

-¿Aquí no ha pizza?

-¡Como vuelvas a nombrar la pizza regresas andando al barco, y ya has visto que hay una tirada!

-¿Ves este aceite de oliva?, nada que envidiar al nuestro- dijo Andoni mojando solamente con pan.

-¡Olio del Cilento signore! – dijo el camarero sonriente y orgulloso

-¿y esto que es, queso fresco con tomate?

-Mozzarella di bufala

-Mozza… ¿qué?

-Pruébala majadero, verás que rica. Estos tomates son auténticos de aquí, de la Campania.

-Pomodori di Marzano- añadía el camarero recalcando siempre la procedencia de los productos.

El alumno no decía nada pero engullía como si no hubiera un mañana. Poco a poco se iba olvidando de las pizzas mientras rebañaba con pane di casa croccante el aceite con orégano que quedaba en el plato. Andoni degustaba una insalata di mare al limoncino de Amalfi que lo mantenía ocupado mientras miraba sonriente como el alumno seguía con la mirada todos los platos que los camareros iban sacando a los comensales.

-¿Tienes hambre eh? ¡Esto no ha hecho más que empezar!

En la mesa se empezaban a agolpar los platos. Gnochettis con verduras y patatas al horno, Calamarata con crema di Ricotta, Carciofi fritta, Alici (anchoa) marinada, vino Aglianico del Taburno y cuando parecía que todos los productos de la Campania habían pasado por delante del alumno, entonces trajeron los Tonno Rosso con guarnición ligera de verduras.

Vicentín hacía ya tiempo que no hablaba, solo resoplaba. Andoni y Gabriel se miraban sonrientes ante el hartazgo feliz del joven.

-¡Y espera que hay postre! Hacen una confitura de higo blanco con chocolate fundido que en la vida has probado algo así.

Cuando salieron de la tavola, los faroles iluminaban la noche mediterránea y el ambiente invitaba disfrutar  de ese rincón del Tirreno sin prisas. Andoni, Gabriel y Benet tenían aun ganas de tomar algo antes de regresar al barco pero vieron al alumno algo perjudicado por la suculenta cena y optaron por que caminase un poco para mejorar la digestión. Decidieron subir hasta el Castelo Angioino Aragonese que se encontraba cerca pero al poco rato tomaron el mismo taxi que les había traído y regresaron al barco.

Al llegar al costado del Alborán, ya estaban los 25 Alfasud listos para embarcar hacia Barcelona.

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Éste es otro extracto de las anotaciones para la novela ilustrada y cómic Los últimos de la Mercante. No es el texto definitivo porque de aquí se extrae la esencia para el capítulo correspondiente a la escala en el puerto de Salerno.

He aprovechado este post de la semana, para hacer una especial mención a otro “blog amigo” que fomenta la gastronomía de Italia, y más concretamente la de la región de Campania.

La filosofía de Anna, Olio e Peperoncino es la de divulgar la cultura y la gastronomía en una deliciosa combinación que personifica la unión entre los pueblos mediterráneos a través de la historia y los productos alimenticios que compartimos. El aceite de oliva italiano es tan bueno como el español, el francés o el griego. Lo mismo los quesos, verduras, frutas, vinos, etc. Comparar no nos enriquece, pero apreciar la variedad sí.

Recomiendo visitar esta web y disfrutar de los estupendos vídeos del equipo de Anna, Olio e Peperoncino.

Fuentes consultadas: La túnica de Neso, Turismo di Campania, Porto di Salerno, Porto di Agropoli, Alfa Romeo Alfasud storia, La Vanguardia hemeroteca, Canto XII Odisea de Homero (Caribdis y Escila).

Definiciones:

HRB (Hora Reloj Bitácora): Es la hora que se emplea a bordo de los buques cuando realizan largas travesías y ello implica atravesar varios husos horarios. Esta fijada por el Capitán o Patrón.

Tiempo de plancha: En derecho marítimo el tiempo de plancha o estadía es el espacio de tiempo en el que un buque permanece en puerto para labores de carga o descarga de mercancías. Es una cláusula que aparece en el contrato de fletamento y se negocia entre el armador y el fletador.

Cable: Un cable es una unidad de longitud náutica con la que se miden las distancias cortas. Es una décima parte de una milla náutica. 185,2 metros

Remolcador San Esteban

Acuarela 14×20 en sepia del mítico remolcador asturiano San Esteban, amarrado a su boya de espera en San Juan de la Arena. Al fondo, el puerto carbonero de San Esteban de Pravia, Asturias.

En este enlace  del Club Náutico de San Esteban, nos cuentan más sobre la historia del “vaporín“. Recomiendo su visita para conocer mejor esta joya del patrimonio marítimo.

Escala en Valencia. Construyendo un relato.

Esta semana os cuento como construyo y documento un relato para después poder editarlo en formato cómic o novela ilustrada. Está basado en el proyecto editorial “Los últimos de la mercante”.

Esta serie de aventuras está ambientada entre los años setenta y ochenta en una España de cambios drásticos y transiciones que también afectó a la Marina Mercante.

Parte de la tripulación de la motonave Alborán

En ese momento histórico, la tripulación variopinta de un buque mercante parecido a la serie V del Programa de Nuevas Construcciones de Elcano, vive una serie de anécdotas y aventuras por los puertos del mundo muy propias de aquella Marina Mercante de antaño. Eran años de inestabilidad geopolítica, conflictos bélicos entre países y momentos históricos que hemos vivido en los últimos sesenta años, pero también fue una época de nuevos horizontes para la libertad. Este momento en la historia reciente me pareció muy atractivo para ambientar el proyecto.

En cuanto a la tripulación, he tenido muy en cuenta la diversidad cultural que tenemos y en los barcos, como en tierra firme, sucede igual. A bordo había vascos, gallegos, catalanes, valencianos, andaluces o isleños de Baleares y Canarias entre otros.

El capitán Vasco de Saa posando con la motonave Alborán

Este texto que os enseño hoy narra simplemente una secuencia de varios de los tripulantes (Primer Oficial, Cocinero y Alumno de Puente) a la salida de un partido de fútbol en el estadio del Mestalla en Valencia, el domingo 14 de marzo de 1971, víspera de una de las fallas más trágicas que se han vivido en Valencia debido a la explosión de carcasas húmedas por la lluvia y que provocó el fallecimiento de varios asistentes y centenares de heridos.

Perfil coloreado de la motonave Alborán, basada en la serie V. construida en los astilleros Bazán de San Fernando, Cádiz.

Documentarse es un trabajo complejo y lleva muchas horas. Los que conocéis mi trabajo sabéis de sobra que todo lo que hago está perfectamente documentado. Es importante citar las fuentes, aunque muchas de las cosas que escribo son puramente, reflexiones personales o experiencias vividas y eso me facilita ambientar y comentar mis dibujos.

Así que allá va….

<Andoni salió del Mestalla sin mirar atrás. La cara desencajada y con prisa por regresar al barco. Maldiciendo la mala hora en que decidió acompañar al “Cullera” y al alumno de puente a ver el partido entre el Valencia y el Athletic Club de Bilbao.

-Si lo llego a saber me voy a ver las fallas por la ciudad – regañaba entre dientes.

Y es que nada menos que cuatro goles a cero le metieron los de Di Stéfano a los vizcaínos. Con toda la ilusión que traía el hombre desde que saltó por la plancha al muelle. Afeitadito como el que va a misa los domingos y oliendo a colonia de Yves Saint-Laurent que había comprado en la escala de Marsella. Pour homme, decía continuamente.

Encaminado hacia la parada del trenet que lo llevaría hasta el Grao, sorteaba a los valencianistas jubilosos que coreaban los nombres de los jugadores, héroes ese día. Ya solo pensaba en volver a las tareas a bordo, hacer algo con lo que entretener la cabeza y olvidar el disgusto tan grande que se había cogido.

Unos metros atrás le seguían el “Cullera” y  Vicentín, el alumno. Dos forofos del Valencia que no cabían en sí de alegría.

-¿Pero viste que golazo de Forment? – decía el uno.

-Y no te olvides de la asistencia de Claramunt segundo-  replicaba el otro.

-Oye Andoni, espera hombre que no es para ponerse así.

-¿Qué no es para ponerse así? No me dirijáis la palabra hasta que pasemos Gibraltar, y aún no sé yo si será algo pronto…

El apeadero de Benimaclet estaba a rebosar y esto enfurecía más al vasco que no veía el momento de embarcar de nuevo y olvidar cuanto antes la jornada futbolera.

– Y venga valencianistas para el Grao, Dios que penitencia la mía-  refunfuñaba.

Con los brazos cruzados y cabreado como si el capitán les hubiera restringido el vino en la comida, miraba hacia la vía con los ojos encendidos. Vicentín se le acercó ofreciéndole un pitillo en plan “vamos a fumar la pipa de la paz”. Era más diplomático que el cocinero, que a duras penas llegaba resoplando hasta donde estaban ellos. Su prominente barriga lo tenía limitado de movimientos.

-Vaya carrera que me habéis dado. ¡Qué prisas! ¿Y no nos vamos a tomar una horchata antes de regresar al barco?

-¡ Pa horchatitas estoy yo! – replicaba el Primer Oficial – ¡Yo me vuelvo al muelle que aquí no se me pierde nada! Y apagando el cigarrillo en el suelo, logró engancharse al vagón y apretujarse entre la multitud que se colgaba como podía.  Los demás hicieron lo mismo y como pudieron embarcaron. El “Cullera” se abría paso con la barriga y Vicentín, que era delgaducho, quedó encajado entre un señor bajito con sombrero y una piadosa señora rosario en mano.

Ya en marcha, el movimiento del trenet se volvía obsceno con tanta gente apretujada. Aún quedaban las paradas de Carrasca, Cadena, Termas, Arenas y finalmente el Grao, y con tanta humanidad en tan poco espacio, no quedaba otra que aguantarse hasta la estación término. El ruido en el vagón era tremendo. El chirrido del material rodante con las vías era cuando menos inaguantable y la gente casi se hablaba por señas. Cada curva era un suplicio pero era lo que había teniendo en cuenta que el tranvía había vivido varias guerras pasadas y aún seguía rodando.

Aunque ese día no pasamos de los veinte grados, en el vagón iban calentitos y a la altura de la Malvarrosa se agradecía que la brisa del mediterráneo entrara por las ventanas.

La parada del Grao fue como si se descorchara una botella de espumoso. La gente salió en todas direcciones y alguno quedó con la pierna dormida apoyado en un banco. Andoni, más calmado, esperó a sus compañeros que bajaron como pudieron del vagón. Su rostro había cambiado y aunque parecía más resignado, había asumido que era mejor llevar la procesión por dentro.

De todas formas tanto el “Cullera” como Vicentín habían decidido no hablar más del partido para respiro del Primer Oficial. Entre otras cosas porque aún quedaba subir a bordo y lidiar con las bromas del resto de la tripulación. Los tres cruzaron hacia el puesto de la Aduana sorteando charcos de lluvia y vagones de mercancías y después de darle esquina al edificio de los “docks comerciales” se encaminaron hacia el Varadero Público y más adelante al muelle Transversal de Levante. El Alborán estaba atracado en el Muelle de Levante junto a una motonave griega que había arribado esa misma tarde y varias gabarras de un buque tipo “lash” que iban a ser descargadas al día siguiente.

Como el tiempo de descarga se nos había alargado, aún nos quedaba otra jornada más para terminar la descarga de trozas de madera y pasarnos al testero del muelle del Turia y cargar cemento para Casablanca.

Ese paisaje portuario que coexistía de espaldas a la ciudad junto al sonido de la sirena ahogada y melancólica del remolcador Cartagenero que navegaba hacia la bocana, les devolvía al mundo flotante al que pertenecían.>

PROCESO DE ILUSTRACIÓN de un automotor eléctrico Wumag serie 500 para vía métrica de la Compañía de los Tranvías y Ferrocarriles de Valencia (CTFV) adscrito a la línea del Grao, y que aparece en el relato.

Fuentes consultadas para el texto:

Archivo hemeroteca valenciana Valenpedia del diario Las Provincias, Euroferroviarios, Listadotren, FGV, Ciberche (web base de datos sobre el Valencia CF), Datos Clima y Archivo histórico de escalas Autoridad Portuaria de Valencia.

Funcionalismo sueco. Las escalas del Elgaren y Kolsnaren

Anotaciones recopiladas para la exposición de pintura VÄLKOMMEN GRAN CANARIA*.

Son las primeras horas del 1 de julio de 1980 en el Puerto de la Luz de Las Palmas. En la punta del muelle de León y Castillo con el contradique, hay apostados una treintena de camiones  que esperan en una tranquilidad contenida la estresante arribada del buque multipropósito ro-ro Elgaren de la Rederi Ab TransAtlantic de Göteborg. Y digo estresante porque se trata de una escala cronometrada según requisito de la compañía armadora y la operativa debe ser rápida.

Procedente del Norte de Europa y en ruta hacia Sudáfrica, el Elgaren trae para Las Palmas según manifiesto de carga, una partida de coches suecos Saab modelo 900, Volvo modelos 66 y 240, camiones Scania modelo 141 en chasis y Volvo modelo F89. Además de la carga rodante, turba para la agricultura, madera para la industria,  motores marinos Volvo Penta, contenedores cargados con muebles de IKEA (nota: la primera tienda de IKEA en España se abrió en Las Palmas en el año 1978) y otras mercancías para la isla provenientes de escalas intermedias.

FUNCIONALIDAD SUECA

Con puntualidad escandinava, el Elgaren aparecía enorme y repleto de contenedores tras la farola del muelle y en cuestión de minutos atracaba sus casi 220 metros de eslora con la ayuda de sus hélices transversales (una gran novedad para la época). El Elgaren tenía un hermano gemelo de idénticas características con el que compartía línea regular con Sudáfrica, el Kolsnaren, ambos construidos entre 1978 y 1979 por Mitsubishi Heavy Industries en sus astilleros de Nagasaki, Japón.

Siguiendo las exigencias de los armadores, el diseño sueco requería que el buque fuese práctico, versátil, rápido y a la vez económico, y los japoneses lo consiguieron. Sus más de treinta mil caballos de potencia desplazaban un peso muerto de 28.173 toneladas a una velocidad de 21 nudos de servicio.

Estos barcos fueron concebidos para operar en puertos sin medios de carga y descarga, optimizando así su operativa logística y reduciendo al máximo los tiempos de escala. Su descomunal rampa popel orientada a estribor permitía operar carga rodante (ro-ro) en dos carriles, accediendo a enormes y amplias cubiertas-garaje que lo hacían capaz de mover miles de toneladas de carga en muy poco tiempo. La tipología de la carga era asombrosa puesto que aceptaba contenedores en cubierta (lo-lo), vehículos de todo tipo, roll-trailers, cargas paletizadas fraccionadas en seco (dry-dry) o bajo atmósfera controlada (reefer) ya sea fruta, carne o pescado congelado.

Además de esto, para la manipulación de la carga, el buque disponía de maquinaria propia especialmente diseñada y adaptada para trabajar en bodegas de techo bajo. Para este cometido, los ingenieros de la firma sueca Kalmar diseñaron la carretilla KLMW 35-1200 con capacidad para levantar 35 toneladas y cargar camiones en el interior de la bodega. En términos de estiba, los barcos eran comodísimos y las operativas se realizaban bajo novedosas medidas de seguridad, no solo para el trincaje de la carga, sino para el estibador.

Una vez la rampa-tijera estaba lista para operar, decenas de estibadores se hacían a los mandos de los míticos “mafis” y “forklifts” de horquilla baja para dar cumplimiento a los requisitos del armador del buque, que no era otro que operar el barco en cuatro horas.

En cuanto a la vida a bordo, la habitabilidad para la tripulación estaba catalogada como First-Class. Amplios camarotes individuales con toda clase de comodidades, además de espacios comunes que solo se podían ver en algunos petroleros, como sauna o piscina climatizada.

Ilustración en acuarela: automóviles Saab 900 descargados del buque Elgaren en Las Palmas

Tanto el Elgaren como el Kolsnaren fueron una versión más corta de la serie Boogabilla, ro-ros transoceánicos operados por ScanCarriers que ya estaban dando excelentes resultados de rendimiento en líneas entre Europa, América y Australia.

En resumen, eran buques que no seguían los cánones tradicionales de construcción naval y para muchos eran considerados como “ugly ships”. Una vez más el funcionalismo sueco era más importante que la estética en sí. Y este es un ejemplo más que puede alinearse al diseño de su arquitectura, muebles, automóviles, etc… Sin embargo tenían algo que los hacía encantadores. No puedo negar que su llamativo diseño me causaba  admiración y siendo chaval los dibujé siempre que tuve ocasión, porque el poco tiempo que permanecían atracados era en mis horas de colegio, y al salir de clase como mucho los veía ya en el horizonte en ruta hacia el Norte o Sur.

  1. La línea Göteborg-Sudáfrica operada por Rederi Ab TransAtlantic tocaba los puertos de Hamburgo, Rotterdam, Tilbury, Las Palmas, Sta. Cruz de Tenerife, Cape Town, Port Elizabeth, East London y Durban para retornar en viaje redondo al norte de Europa. Esta línea regular se mantuvo hasta 1985, momento en el que el gobierno sueco anunciaba un boicot a los productos sudafricanos en protesta por el “apartheid”.
  2. Desde entonces tanto el Elgaren como el Kolsnaren fueron reubicados en los tráficos con Australia y EEUU. Más tarde navegaron bajo contraseña de otras navieras como Ignazio Messina, CGM o Merzario. Ambos fueron desguazados en el año 2012 después de más de treinta años de funcionalidad sueca.

* La exposición de pintura VÄLKOMMEN GRAN CANARIA es un proyecto de ilustraciones y pintura que se expondrá en la ciudad de Estocolmo durante el próximo verano de 2021. Esta exposición tratará de manera cronológica, la estrecha relación del pueblo sueco con las Islas Canarias. Será mi primera muestra de pintura fuera de España.

Fuentes consultadas:

Archivo digital de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

Maritime Studies South Africa

MacGregor

Consulado de Japón en Las Palmas

Consulado de Suecia en Las Palmas

Reconocimiento

Este tema lo realicé en el año 2016 para el calendario ilustrado Robinson y durante estos días he recordado esta ilustración para homenajear a mi manera, la increíble labor que hacen las mujeres y hombres de Salvamento Marítimo. Como marino, me tranquiliza saber que a lo largo de los casi ocho mil kilómetros de costa y un radio de influencia de un millón y medio de kilómetros cuadrados de mar, esta gente vela por la seguridad marítima y lucha contra la contaminación marina.

Para conocer más: Salvamento Marítimo

La música en mi pintura

 

Hoy os quiero hablar de la música en mi pintura. O mejor dicho, la música que ha influido en mi vida y que hoy pone banda sonora a lo que hago.

Quizá te sorprenda saber amiga o amigo seguidor, que la música es para mí, una herramienta más en mi trabajo. Es el pincel más equilibrado de todos los que pueda tener, la mezcla más perfecta  de pigmento o el papel de mejor calidad que use.

Es cierto que muchos artistas trabajan con el más absoluto silencio, y aunque el silencio no es otra cosa que la ausencia de ruido, esto también es para mí importantísimo porque no en todos los momentos que trabajo escucho música.

Si nos remontamos hacia atrás en la historia del arte, encontraremos que también hubo artistas que pintaban escuchando música. Por ejemplo Kandinsky amaba la música y se sabe que tanto Wagner como Mussorgsky le encantaban. A Picasso le gustaba escuchar flamenco, a saber su aportación en el montaje del El sombrero de Tres picos de Manuel de Falla. Hay otros casos más contemporáneos como el pintor polaco Zdzislaw Beksiński, que escuchaba música clásica porque no era capaz de trabajar con silencio. O Jackson Pollock, que se sumergía en el Jazz Bebop de Charlie Parker o Thelonious Monk para crear sus complejas composiciones.

INFLUENCIA

¿Qué fue primero en mi vida, la música o la pintura? Sin duda fueron casi de la mano. Soy el mediano de seis hermanos y la influencia musical entró de manera vertical descendente. Y digo lo de vertical descendente porque desde mi padre que tocaba el Timple y la Guitarra “de oído” hasta mi hermana pequeña que en la actualidad es profesora de piano, todos hemos tenido un oído puesto en la vida, y el otro en la música. Fue a través de mi hermano mayor cuando los primeros vinilos y cassettes entraron en casa y además de eso, siempre se cuidó de que tuviésemos un equipo de música para escucharlos. Para los estudios de música de mi hermana pequeña teníamos un piano vertical “Cherny” (Chernigov, Ukraine) que a pesar de su espartano diseño post-soviético, no sonaba mal. Y mientras tanto, en el otro lado de la casa, mi hermano pequeño y yo grabábamos y escuchábamos miles y miles de horas de música de muchos estilos diferentes. Este trabajo de recopilación y escucha lo hemos mantenido siempre aunque sea mi hermano el que alberga más capacidad de análisis y experimentación que yo, realizando sesiones tipo Groove muy interesantes con mezclas en tornamesa (dos platos) y control digital. Paisajes sonoros que para mi trabajo son muy agradables.

TEMPO

En la terminología musical se dice que Tempo es la velocidad con la debe ejecutarse una pieza musical. Pues bien, volviendo a mi estudio y según lo que esté haciendo, la música que escucho tiene que tener un Tempo concreto.

Si estoy esbozando algo de manera poco definida y rápida para “anclar” una composición es posible que suenen sonidos sintetizados de Solar Fields (Random Friday, Earthshine, etc) o Jean Michel Jarre y me pierda en Equinoxe, Oxygène, Magnetic Fields o Zoolook. Normalmente estas músicas me ayudan a trazar de manera más definida la idea que tengo en la cabeza antes de que se me vaya.

Al trazar una costa reconocida o una escena costumbrista, Vangelis siempre me acompaña. Sus múltiples paisajes sonoros como Memories of Green, Abraham´s theme, Le singe bleu, Spanish harbour o La petite fille de la mer, conectan directamente con lo que hago.

Sin embargo al trazar las líneas de un barco la música puede ser diferente, pero en ambos casos el resultado es siempre lo que busco. Lo sublime de la música es que pueda influir en algo así. De esta forma, dibujar las formas de un vapor de pasaje del siglo pasado escuchando el Concierto para Piano núm. 2 Op. 18 de Sergei Rachmaninov es una experiencia que personalmente me edifica y ordena las ideas en mi cabeza. Lo mismo ocurre si trazo un carguero de los años setenta mientras suena The Dark side of the Moon de Pink Floyd, Time de Electric Light Orchestra, o Pyramid de Alan Parsons Project.

Para las veladuras de cielos con carga atmosférica pruebo con Robert Schumann porque pienso que algo se puede desatar de un momento a otro. Es algo meteorológico. Si el cielo es apacible y transmite tranquilidad, probablemente suene Frederic Mompou, Arvo Pärt, Wim Mertens, Yann Tiersen, Ryuichi Sakamoto, Max Richter o Bossa Nova de João Gilberto.

Si el trabajo es ilustración o edición donde no necesito un rigor musical escucho Pat Metheny Group, Miles Davis, Robin Foster, Röyksopp, Air, Redhead Blonde o Tycho. Aquí cualquier cosa me puede valer. Desde el indie español de Annie B. Sweet, pasando por Delafé y las Flores Azules, hasta el shoegazing de Slow Dive o Beach House. En estos procesos creativos también suelo escuchar a cantautores como Serrat, Aute o los primeros discos de Joaquín Sabina (hasta El hombre del traje gris), o guitarristas como Paco de Lucía, Narciso Yepes, o el paragüayo Agustín Barrios.

CLASIFICACIÓN

El espectro musical de mi gramola personal es inclasificable porque mi trabajo es diverso y además he aprendido desde que era chaval que no debemos cerrarnos con la música. Siempre hay algún tema o mundo sonoro por descubrir.

A todo esto hay que sumar que los marinos somos un poco especiales con el tema de la música. Hay de todo. Esto me recuerda una anécdota simpática que tuve con un Capitán malagueño que me decía que cada vez que iba para Sevilla y llegaba a la estación de Prácticos de Chipiona para remontar el Guadalquivir, siempre ponía a Rocío Jurado en el puente hasta que embarcase el práctico. Decía que Rocío Jurado era la más grande y esa era su manera de recordarla.

Para terminar, quería aprovechar esta entrada “musical” para deciros que hoy viernes 11 de septiembre este blog de ilustración y retrato naval realiza un  “hermanamiento” en la distancia con otro sitio del universo WordPress al que sigo, Música y Oxígeno, el cual dedica su espacio a la música en casi todos sus géneros. A la batuta de Antonio Chico, en él podrás encontrar muchos de los temas musicales que no solo forman parte de su vida, sino también de la tuya. Sus análisis hechos desde el corazón y menos edulcorados que los de algunos críticos de música, te hacen entender mejor el significado de muchos temas míticos de los últimos sesenta años. Una gran labor de difusión que merece ser conocida para todo aquel entusiasta de la música de las últimas décadas.

Carta de amor de un Radiotelegrafista.

Vapor Cádiz y mujer antillana. Acuarela y edición.

El vapor Cádiz de Pinillos parecía otro y más grande en aquel muelle de la Machina y San Francisco. Después de un día despachando pasaje y mercadería de todo tipo proveniente de España, se preparaba para zarpar rumbo a Nueva Orleans y de allí regresar de nuevo a Cádiz.  La Habana amanecía resplandeciente y bulliciosa en aquella primavera de 1920.

El joven Oficial de Radio desembarcó con permiso del Capitán y se encaminó con cierta prisa hacia el centro de la ciudad. La esperó en la Confitería La Habanera entre las calles Lamparilla y Armagura, justo en el mismo lugar donde se conocieron. Esperó de pie hasta que pudo sentarse en la misma mesa donde juntos tomaron por última vez café y dulce de Guayaba. Cada viaje desde Cádiz a La Habana se hacía interminable para aquel marino que ya solo ansiaba doblar el Castillo del Morro y atracar cuanto antes en aquellos muelles laboriosos, solo para encontrarse de nuevo con ella.

Cuando la joven antillana entró en el local, los ojos del impaciente argonauta parecían iluminarse. Saltó de la silla como un resorte y ya no se sabía si era un hombre uniformado o un uniforme con un hombre dentro. La belleza de la joven lo eclipsaba sin remedio pero poco a poco su tranquila presencia lo devolvía a tierra firme. Ya sentados, él le entregó una carta en un sobre con el membrete de la naviera y el nombre del vapor.

– Quiero que la leas cuando me encuentre en alta mar – dijo en voz baja mientras miraba aquellos ojos negros ensimismados.

– ¿No prefieres que lo haga delante de ti?– preguntó la joven

– Mejor léela en tu soledad–

– Entonces, ¿volverás? –

–  Volveré –

El resto de las horas pasaron como si nada, paseando ajenos entre las calles Obispo y San Rafael, y poco más abajo, el malecón. En su cabeza retumbaba la orden de estar a bordo a la hora señalada y el joven se debatía entre su deber y la pasión. Ella lo acompañó hasta el edificio de la Lonja del Comercio junto al Muelle de San Francisco. Allí, otros compañeros uniformados esperaban cola para pasar al muelle, cargados de paquetitos con regalos y encargos que llevar de regreso a casa.

De repente, el momento en el que nunca sabemos cómo será hasta que llega. La despedida, el beso y aquella carta doblada en un puño. El recuerdo de ese momento breve pero interminable en su mente, que lo acompañaría siempre en todas las horas de guardia en alta mar.

Momentos en el mar

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Muchos sabéis que uno de mis pintores favoritos fue Joseph Mallord William Turner. Su dominio de la luz en la acuarela y su sutil uso de los pinceles a la hora de sugerir objetos es algo que me ha fascinado siempre. Al hilo de este tipo de pinturas paisajísticas y con un grado importante de romanticismo, os muestro este tema que en mi manera de entender mi profesión como marino, podría definir como un “momento en el mar”.

Justo hace un mes recibí un encargo muy especial para mí, porque además de venir de alguien que es compañera de profesión (cosa que siempre me alegra) la ilusión se ve doblemente motivada al ser una de las primeras mujeres de España en obtener el título de Capitán de la Marina Mercante. Hablo de la bilbaína Idoia Ibáñez Ozores, que me ha autorizado a compartir con vosotros este tema inspirado en uno de sus momentos en el mar. Concretamente en el puente del buque-tanque Calvo Sotelo de Campsa.

Puedes estar zarpando de un puerto o en alta mar, que una puesta de sol o un atardecer, siempre te deja sin palabras. Si en tierra firme ya nos parece algo sublime, imaginaos cuando lo único que tienes por delante es la proa de tu barco y te adentras en la inmensidad mientras las olas de un tiempo fresco rompen en la proa.

Todas esas luces indescriptibles, que muy difícilmente se pueden representar tal cual vemos porque el cielo va cambiando por segundos y solo la memoria gráfica ayuda a que no olvidemos todos esos instantes. Toda esa mar que ha embarcado en la última ola y ahora recorre la cubierta buscando por donde volver allá abajo. En el puente alguien tose mientras sientes una vez más la vibración que estremece al buque tras romper con otra ola. La radio VHF habla en el idioma del mar. Comunicaciones de otros barcos que a lo mejor no ves, pero están ahí. Fuera de las cuatro millas, te despides de la estación de prácticos, y solo entonces, te quedas a solas con todas esas luces que parecen incendiar el cielo.

He disfrutado mucho con este tema y además ha sido un honor para mí. Agradezco mucho las sugerencias de Idoia, no solo del momento vivido a representar, sino también desde la perspectiva artística, puesto que ella también pinta.

El buque-tanque Calvo Sotelo fue construido en 1977 por la Empresa Nacional Bazán en Ferrol y fue gemelo del Campodola, ambos operados por Campsa y después por CLH (Compañía Logística de Hidrocarburos). Después de veintiocho años de vida marinera se desguazó en Chittagong en el año 2005.

Fue en 1979, dos años después de la botadura del Calvo Sotelo cuando las mujeres pudieron comenzar a cursar estudios de Náutica en España y en torno a los años noventa cuando comenzaron a tomar mando en los buques. Hoy día, desgraciadamente seguimos estando por debajo de la media europea en materia de igualdad en las profesiones del mar.

Idoia es una de esas pioneras.