Un punto azul pálido, Eratóstenes y el deseo de experimentar

Ilustración partes de un Sextante y oficial tomando la meridiana del Sol. Tinta china sobre papel 200 grs

Esta semana, durante una tormenta de ideas para un nuevo proyecto en el que entro a formar parte, me recordaron el libro Un punto azul pálido; una visión del futuro humano en el espacio (Ed. Planeta) del gran Carl Sagan. Lo leí en 1995 como libro de préstamo de la Biblioteca Pública de Las Palmas de Gran Canaria, hoy integrada en el Campus Universitario. Aunque para muchos es una secuela de su enorme obra Cosmos, éste arroja reflexiones filosóficas y de asimilación personal que nos hace preguntarnos donde estamos con respecto al resto del universo. La famosa fotografía de la tierra tomada desde la sonda espacial Voyager 1 fue su inspiración.

Sagan se atrevió a predecir en este libro que con el tiempo (nosotros no lo veremos), tendremos una tecnología lo suficientemente potente como para poder observar nuestro propio planeta tierra a una distancia tan grande que solo podamos apreciar un punto azul pálido en la lejanía.

Reconozco que siempre he sentido fascinación por los documentales televisivos de Carl Sagan y su serie Cosmos, además de toda la admiración que desde niño sentí por el mundo antiguo focalizado en el Mediterráneo. En todas sus entregas televisivas invitaba a hacernos preguntas y reflexionar sobre nuestra presencia en el universo.

En uno de sus estupendos capítulos que podéis buscar en Youtube, Sagan nos mostraba la figura de Eratóstenes y su teoría sobre la curvatura de la tierra. Con una sencilla explicación en la que ambientaba el experimento que el griego realizó entre Alejandría y Siena (hoy Asuán), no solo se entendía claramente que la tierra era curva sino que su cálculo era correcto salvo una pequeña variación de error. Ciento cincuenta años más tarde, esa misma teoría fue mejorada por Posidonio y sirvió más adelante a Cristóbal Colón para convencer a los poderes de la época de que su expedición resultaría exitosa dado que la tierra era curva y no plana.

Para nosotros los marinos, la palabra circunnavegar es tan normal como decir ¡Buenos días!. Saber que todos nuestros conocimientos sobre la navegación astronómica están basados en estos grandes de la historia antigua como Eratóstenes es cuando menos apasionante.

Cada vez que he usado un sextante y he querido medir la altura de un astro para determinar la latitud, siempre me acuerdo de Eratóstenes y su deseo de experimentar y hacerse preguntas.

Gracias a todas esas preguntas curiosas hechas así mismo y por muchos científicos de la época, hoy podemos orientar un buque y situarlo en la inmensidad del mar sin necesidad de satélites sofisticados y de última generación.

Hacerse preguntas es necesario. Gracias a la curiosidad aprendemos y enriquecemos nuestro saber con cualquier cosa que nos propongamos, y aunque nuestro punto azul pálido es hoy una amalgama de problemas geopolíticos, pandémicos o barcos imposibles que encallados en rutas marítimas dificultan el consumo depredador, siempre podremos dedicar un poco de nuestro tiempo para leer un libro, respirar hondo y hacernos también preguntas.