La importancia de ir hacia alguna parte

Reconozco que se me da mejor contar las historias si las dibujo. En la cada vez más acuciante deriva que estoy tomando en cuanto a mi lejanía social, encuentro muy estimulante expresarme con lo único que creo que se me da más o menos bien. Dibujar.

Como algunos sabéis, estoy inmerso en varios proyectos relacionados con el mundo del cómic y cada día que pasa descubro algo que me recuerda lo cerca que me encontraba de todo ese mundo sin saberlo.

Sin embargo cuando construyes una historia es importante saber hacia dónde vas, sobre todo cuando se trata de varios capítulos donde debes tener en cuenta que, mientras llegas al final, has de saber “cerrar” cada entrega y dejar la intriga para el siguiente número.

El rigor histórico de estos proyectos me conduce siempre al mismo punto de investigación y documentación ya usado en otras de mis ilustraciones, como por ejemplo la que hoy os muestro.

Se trata del remolcador Finisterre tirando del malogrado buque mercante español Sierra Aránzazu, en viaje trasatlántico de regreso desde el puerto de Antilla (Cuba) hasta Santander (vía Las Palmas). Es una escena ambientada en 1964 en plena crisis de los misiles y la guerra fría entre EEUU y la Unión Soviética. Como muchos sabéis este barco fue ametrallado por el gobierno norteamericano en circunstancias todavía sin esclarecer y en el que varios compañeros marinos perdieron la vida. Esta ilustración muestra ese viaje de regreso, algo tortuoso para un remolcador pequeño y de potencia de tiro no apta para viajes trasatlánticos. Sin embargo el valiente remolcador logró llegar a destino.

Esta historia se recopila en el libro HISTORIA DE LA NAVIERA MARÍTIMA DEL NORTE 1957-2008 de Manuel Rodríguez Aguilar en co-edición entre Plimsoll Ediciones Náuticas y Librería Robinson. Su tercera edición está a punto de estar ya en las librerías de la red Robinson.