Escala en Salerno

Sábado 21 de Septiembre de 1974

l: 38° 17ˈ 16ˈˈN – L: 15° 41ˈ 10ˈˈE

HRB: 0800

Dejaron atrás el Estrecho de Messina y toda su mala leche  después de pasar una noche dando los bandazos suficientes como para marear al gato que no llevaban  a bordo. Por la proa se abría un mar Tirreno totalmente encalmado que ayudaría a conciliar el sueño tras una guardia con muy mala visibilidad y mucho café. Las mitológicas y temidas Caribdis y Escila les despedían por la popa con un arco iris realmente hermoso, dejando una cubierta húmeda que brillaba intensa con los primeros rayos de sol.

Navegaban desde Alejandría hacia Barcelona con un completo de algodón en balas y lo normal hubiera sido ir por el Sur, cruzando el canal de Sicilia, sin embargo al poco de zarpar recibieron un cable desde Hamburgo para que cambiasen el rumbo y se dirigieran al puerto de Salerno. Allí cargarían una cubertada de 25 automóviles Alfa Romeo Alfasud que iban para el concesionario de la marca del Quadrifoglio Verte en la ciudad Condal. Era una escala no programada que se antojaba rápida de despachar, pero era sábado y además no contaban con que al llegar a Salerno se encontrasen celebrando la fiesta de su patrono, San Mateo. Y es que según se cuenta, las reliquias del evangelista se encuentran en la catedral de la ciudad.

HRB: 1540

l: 40° 15ˈ 08ˈˈ N –  L: 14° 53ˈ 08ˈˈ E

Dejaron por el través de Estribor (Er) el faro de la isla de Licosa y aminoraron la marcha. El capitán debía decidir si fondear y esperar a que pasasen los festejos o entrar a puerto para asegurar el atraque, no sea que se ocupara por otro buque preferente y el tiempo de plancha se disparase. Quizá el día soleado y las ganas de estirar las piernas en tierra le animó a lo segundo.

A los diez minutos de tomar la decisión ya se sabía a bordo que entrarían a puerto. Y es que las buenas noticias vuelan, y cuando son malas también.

-¡Me pienso comer una pizza más grande que la rueda del timón!- exclamó Vicentín, el alumno de puente.

-¿Con toda la gastronomía que hay en Italia y te vas a comer un pizza en tu primera escala?- espetó Gabriel, el Segundo Oficial.

-¿Hay algo más italiano que una pizza?- preguntó el muchacho mientras miraba el compás y corregía el timón a Babor (Br).

-Haz caso de los que saben y así verás mundo- dijo el Capitán entrando por el alerón de Estribor con los prismáticos.

-¿Dónde está el “Radio” que no lo veo en su puesto?

-¡Aquí llego Capitán!- respondió Benet que aparecía de la nada con una  humeante taza de café.

-Llama a los prácticos y diles que estamos casi a tres millas y que vamos para dentro, a ver que dicen.

-A los de abajo, atención a la máquina en veinte minutos- dijo al Segundo señalando el Telégrafo.

-Alumno, mantén el timón en el 348° hasta ver que dicen éstos- ordenó el Capitán mientras bajaba por las escaleras a su camarote.

El Alborán navegaba tranquilo enfilado hacia la “verde” del rompeolas de Levante mientras recibían confirmación del atraque y el práctico se dirigía a ellos. Tras esperar a cinco cables de la bocana la salida de un Grimaldi tomaron remolque y atracaron en el Molo Tre de Gennaio estribor al muelle. En el cielo de la ciudad, fuegos artificiales parecían darles la bienvenida y el ambiente festivo impregnaba la tranquilidad de los muelles ocupados por atados de madera, contenedores, clinker o puzolanas. Ni rastro de los Alfa Romeo que tenían que cargar para Barcelona.

Poco más tarde, el Capitán recibía a bordo a la Guardia di Finanza y entregaba la lista de tripulantes mientras miraba de reojo al Oficial de Radio ajustándose el reloj de pulsera con ropa de calle. A su lado el alumno, el Primero y Segundo Oficial haciéndose los tontos pero esperando que el “viejo” se quedara solo para “negociar” la hora de regreso al barco.

-¿Y estas prisas?

-Hemos decidido que vamos a enseñarle al alumno lo bien que se come en Italia.

-¿Solamente le vais a enseñar la gastronomía? ¡Que ya nos conocemos!

-Una cena y pal barco- respondió Benet el catalán, guiñando el ojo al alumno.

-Aprovechad al Consignatario para salir del puerto y que os lleve a donde le digáis.

-Y mañana sobrios, que vamos hacer ejercicios de abandono del barco.

Junto a la escala les esperaba el consignatario mirando el reloj con cierta impaciencia mientras decía no se qué de la “festivittà”. Subieron en su Fiat 125 y salieron zumbando del puerto. Andoni solía ser el guía turístico en todas las escalas puesto que era el que más años llevaba en la profesión y además como buen vasco, sabía dónde comer muy bien. Despidieron al consignatario en la Vía del Porto y subieron a un taxi que los llevó por todo el “lungomare” hasta Agropoli.

Una hora tardaron en llegar hasta el mítico restaurante Il Cormorano, que ese día tenía algo de ajetreo probablemente por las fiestas de la vecina Salerno.

-¡Vas a ver lo rica que es esta cocina!- dijo Gabriel señalando al alumno la carta que había en la entrada anunciando Tonno Rosso fresco.

-¿Aquí no ha pizza?

-¡Como vuelvas a nombrar la pizza regresas andando al barco, y ya has visto que hay una tirada!

-¿Ves este aceite de oliva?, nada que envidiar al nuestro- dijo Andoni mojando solamente con pan.

-¡Olio del Cilento signore! – dijo el camarero sonriente y orgulloso

-¿y esto que es, queso fresco con tomate?

-Mozzarella di bufala

-Mozza… ¿qué?

-Pruébala majadero, verás que rica. Estos tomates son auténticos de aquí, de la Campania.

-Pomodori di Marzano- añadía el camarero recalcando siempre la procedencia de los productos.

El alumno no decía nada pero engullía como si no hubiera un mañana. Poco a poco se iba olvidando de las pizzas mientras rebañaba con pane di casa croccante el aceite con orégano que quedaba en el plato. Andoni degustaba una insalata di mare al limoncino de Amalfi que lo mantenía ocupado mientras miraba sonriente como el alumno seguía con la mirada todos los platos que los camareros iban sacando a los comensales.

-¿Tienes hambre eh? ¡Esto no ha hecho más que empezar!

En la mesa se empezaban a agolpar los platos. Gnochettis con verduras y patatas al horno, Calamarata con crema di Ricotta, Carciofi fritta, Alici (anchoa) marinada, vino Aglianico del Taburno y cuando parecía que todos los productos de la Campania habían pasado por delante del alumno, entonces trajeron los Tonno Rosso con guarnición ligera de verduras.

Vicentín hacía ya tiempo que no hablaba, solo resoplaba. Andoni y Gabriel se miraban sonrientes ante el hartazgo feliz del joven.

-¡Y espera que hay postre! Hacen una confitura de higo blanco con chocolate fundido que en la vida has probado algo así.

Cuando salieron de la tavola, los faroles iluminaban la noche mediterránea y el ambiente invitaba disfrutar  de ese rincón del Tirreno sin prisas. Andoni, Gabriel y Benet tenían aun ganas de tomar algo antes de regresar al barco pero vieron al alumno algo perjudicado por la suculenta cena y optaron por que caminase un poco para mejorar la digestión. Decidieron subir hasta el Castelo Angioino Aragonese que se encontraba cerca pero al poco rato tomaron el mismo taxi que les había traído y regresaron al barco.

Al llegar al costado del Alborán, ya estaban los 25 Alfasud listos para embarcar hacia Barcelona.

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Éste es otro extracto de las anotaciones para la novela ilustrada y cómic Los últimos de la Mercante. No es el texto definitivo porque de aquí se extrae la esencia para el capítulo correspondiente a la escala en el puerto de Salerno.

He aprovechado este post de la semana, para hacer una especial mención a otro “blog amigo” que fomenta la gastronomía de Italia, y más concretamente la de la región de Campania.

La filosofía de Anna, Olio e Peperoncino es la de divulgar la cultura y la gastronomía en una deliciosa combinación que personifica la unión entre los pueblos mediterráneos a través de la historia y los productos alimenticios que compartimos. El aceite de oliva italiano es tan bueno como el español, el francés o el griego. Lo mismo los quesos, verduras, frutas, vinos, etc. Comparar no nos enriquece, pero apreciar la variedad sí.

Recomiendo visitar esta web y disfrutar de los estupendos vídeos del equipo de Anna, Olio e Peperoncino.

Fuentes consultadas: La túnica de Neso, Turismo di Campania, Porto di Salerno, Porto di Agropoli, Alfa Romeo Alfasud storia, La Vanguardia hemeroteca, Canto XII Odisea de Homero (Caribdis y Escila).

Definiciones:

HRB (Hora Reloj Bitácora): Es la hora que se emplea a bordo de los buques cuando realizan largas travesías y ello implica atravesar varios husos horarios. Esta fijada por el Capitán o Patrón.

Tiempo de plancha: En derecho marítimo el tiempo de plancha o estadía es el espacio de tiempo en el que un buque permanece en puerto para labores de carga o descarga de mercancías. Es una cláusula que aparece en el contrato de fletamento y se negocia entre el armador y el fletador.

Cable: Un cable es una unidad de longitud náutica con la que se miden las distancias cortas. Es una décima parte de una milla náutica. 185,2 metros