La música en mi pintura

 

Hoy os quiero hablar de la música en mi pintura. O mejor dicho, la música que ha influido en mi vida y que hoy pone banda sonora a lo que hago.

Quizá te sorprenda saber amiga o amigo seguidor, que la música es para mí, una herramienta más en mi trabajo. Es el pincel más equilibrado de todos los que pueda tener, la mezcla más perfecta  de pigmento o el papel de mejor calidad que use.

Es cierto que muchos artistas trabajan con el más absoluto silencio, y aunque el silencio no es otra cosa que la ausencia de ruido, esto también es para mí importantísimo porque no en todos los momentos que trabajo escucho música.

Si nos remontamos hacia atrás en la historia del arte, encontraremos que también hubo artistas que pintaban escuchando música. Por ejemplo Kandinsky amaba la música y se sabe que tanto Wagner como Mussorgsky le encantaban. A Picasso le gustaba escuchar flamenco, a saber su aportación en el montaje del El sombrero de Tres picos de Manuel de Falla. Hay otros casos más contemporáneos como el pintor polaco Zdzislaw Beksiński, que escuchaba música clásica porque no era capaz de trabajar con silencio. O Jackson Pollock, que se sumergía en el Jazz Bebop de Charlie Parker o Thelonious Monk para crear sus complejas composiciones.

INFLUENCIA

¿Qué fue primero en mi vida, la música o la pintura? Sin duda fueron casi de la mano. Soy el mediano de seis hermanos y la influencia musical entró de manera vertical descendente. Y digo lo de vertical descendente porque desde mi padre que tocaba el Timple y la Guitarra “de oído” hasta mi hermana pequeña que en la actualidad es profesora de piano, todos hemos tenido un oído puesto en la vida, y el otro en la música. Fue a través de mi hermano mayor cuando los primeros vinilos y cassettes entraron en casa y además de eso, siempre se cuidó de que tuviésemos un equipo de música para escucharlos. Para los estudios de música de mi hermana pequeña teníamos un piano vertical “Cherny” (Chernigov, Ukraine) que a pesar de su espartano diseño post-soviético, no sonaba mal. Y mientras tanto, en el otro lado de la casa, mi hermano pequeño y yo grabábamos y escuchábamos miles y miles de horas de música de muchos estilos diferentes. Este trabajo de recopilación y escucha lo hemos mantenido siempre aunque sea mi hermano el que alberga más capacidad de análisis y experimentación que yo, realizando sesiones tipo Groove muy interesantes con mezclas en tornamesa (dos platos) y control digital. Paisajes sonoros que para mi trabajo son muy agradables.

TEMPO

En la terminología musical se dice que Tempo es la velocidad con la debe ejecutarse una pieza musical. Pues bien, volviendo a mi estudio y según lo que esté haciendo, la música que escucho tiene que tener un Tempo concreto.

Si estoy esbozando algo de manera poco definida y rápida para “anclar” una composición es posible que suenen sonidos sintetizados de Solar Fields (Random Friday, Earthshine, etc) o Jean Michel Jarre y me pierda en Equinoxe, Oxygène, Magnetic Fields o Zoolook. Normalmente estas músicas me ayudan a trazar de manera más definida la idea que tengo en la cabeza antes de que se me vaya.

Al trazar una costa reconocida o una escena costumbrista, Vangelis siempre me acompaña. Sus múltiples paisajes sonoros como Memories of Green, Abraham´s theme, Le singe bleu, Spanish harbour o La petite fille de la mer, conectan directamente con lo que hago.

Sin embargo al trazar las líneas de un barco la música puede ser diferente, pero en ambos casos el resultado es siempre lo que busco. Lo sublime de la música es que pueda influir en algo así. De esta forma, dibujar las formas de un vapor de pasaje del siglo pasado escuchando el Concierto para Piano núm. 2 Op. 18 de Sergei Rachmaninov es una experiencia que personalmente me edifica y ordena las ideas en mi cabeza. Lo mismo ocurre si trazo un carguero de los años setenta mientras suena The Dark side of the Moon de Pink Floyd, Time de Electric Light Orchestra, o Pyramid de Alan Parsons Project.

Para las veladuras de cielos con carga atmosférica pruebo con Robert Schumann porque pienso que algo se puede desatar de un momento a otro. Es algo meteorológico. Si el cielo es apacible y transmite tranquilidad, probablemente suene Frederic Mompou, Arvo Pärt, Wim Mertens, Yann Tiersen, Ryuichi Sakamoto, Max Richter o Bossa Nova de João Gilberto.

Si el trabajo es ilustración o edición donde no necesito un rigor musical escucho Pat Metheny Group, Miles Davis, Robin Foster, Röyksopp, Air, Redhead Blonde o Tycho. Aquí cualquier cosa me puede valer. Desde el indie español de Annie B. Sweet, pasando por Delafé y las Flores Azules, hasta el shoegazing de Slow Dive o Beach House. En estos procesos creativos también suelo escuchar a cantautores como Serrat, Aute o los primeros discos de Joaquín Sabina (hasta El hombre del traje gris), o guitarristas como Paco de Lucía, Narciso Yepes, o el paragüayo Agustín Barrios.

CLASIFICACIÓN

El espectro musical de mi gramola personal es inclasificable porque mi trabajo es diverso y además he aprendido desde que era chaval que no debemos cerrarnos con la música. Siempre hay algún tema o mundo sonoro por descubrir.

A todo esto hay que sumar que los marinos somos un poco especiales con el tema de la música. Hay de todo. Esto me recuerda una anécdota simpática que tuve con un Capitán malagueño que me decía que cada vez que iba para Sevilla y llegaba a la estación de Prácticos de Chipiona para remontar el Guadalquivir, siempre ponía a Rocío Jurado en el puente hasta que embarcase el práctico. Decía que Rocío Jurado era la más grande y esa era su manera de recordarla.

Para terminar, quería aprovechar esta entrada “musical” para deciros que hoy viernes 11 de septiembre este blog de ilustración y retrato naval realiza un  “hermanamiento” en la distancia con otro sitio del universo WordPress al que sigo, Música y Oxígeno, el cual dedica su espacio a la música en casi todos sus géneros. A la batuta de Antonio Chico, en él podrás encontrar muchos de los temas musicales que no solo forman parte de su vida, sino también de la tuya. Sus análisis hechos desde el corazón y menos edulcorados que los de algunos críticos de música, te hacen entender mejor el significado de muchos temas míticos de los últimos sesenta años. Una gran labor de difusión que merece ser conocida para todo aquel entusiasta de la música de las últimas décadas.