Los nuevos paisajes del mar. Eólica marina.

no copies esto pide permiso 2

Estudio en acuarela gris payne del remolcador Red Wolf junto a la jack up barge JB117 en tareas de apoyo logístico. Pintada en el año 2016.

 

El mar es la gran reserva de la naturaleza. El mundo por así decirlo, comenzó en el mar, y quien sabe si no terminará en él.

20.000 leguas de viaje submarino. Julio Verne

 

La primera vez que tuve relación con la eólica marina fue en el año 2012 cuando embarqué en el puerto de Eemshaven (Holanda) como Segundo Oficial en el remolcador Red Husky de bandera española, que junto con su gemelo el Red Wolf operaron como “leader tugs”.  Nuestro cometido era el de remolcar y anclar las plataformas de instalación de aerogeneradores JB 115 y JB 117, que estaban asignadas al campo eólico BARD 1, situado a unas 50 millas náuticas de la costa Alemana y con proyección de instalar 80 turbinas. En aquel tiempo la construcción de BARD 1 estaba pasando a su segunda fase y allí pude darme cuenta de lo mucho que iba a cambiar el paisaje del mar.

Ocho años después, los campos eólicos no han parado de construirse y ahora mismo no hay un trozo de horizonte en el Mar del Norte donde no veas molinos girando según la dirección del viento.  Estos enormes complejos comparten espacio con las rutas marítimas mercantes, dejando auténticos “pasillos” para la navegación. Pero además de esto, hay otro paisaje que ya estaba antes y es el de las plataformas de extracción de gas y petróleo algo más al norte.

En tierra firme las centrales térmicas de combustibles fósiles se van clausurando poco a poco y junto con campos eólicos en las zonas más ventosas del continente, la energía eléctrica procede cada vez más del mar.

Según la batimetría del Mar del Norte, la profundidad es sorprendentemente pequeña con respecto a otras zonas. En los campos eólicos en los que he estado los molinos se “plantan” en el fondo del mar porque la mayoría de esas áreas no superan los cuarenta metros de profundidad. Esto genera una cantidad de obra marítima nunca vista hasta ahora y es sorprendente ver el número de buques construidos expresamente para estos proyectos y que no sirven para otra cosa más que para instalar molinos en el mar.

Uno de los barcos que más me impresionó en aquellas primeras campañas en el mar del Norte fue la plataforma autopropulsada Windlift I, “martilleando” literalmente los pilares (monopile y tripile) en los que se apoyaría la estructura del aerogenerador. Cada golpe que asestaba aquel enorme martillo hidráulico se sentía a una distancia de diez millas con el consiguiente daño medioambiental que ello generaba, sobre todo a la fauna marina. A bordo del remolcador te tenías que alejar un poco si querías dormir sin aquel golpe insistente que se convertía en una tortuosa molestia. Y es que el eco submarino traspasaba cualquier ruido del buque y era imposible no escucharlo.

Afortunadamente, la tecnología a veces avanza para bien, y los problemas medioambientales generados por estos sistemas de construcción offshore han sido mitigados por maquinaria menos agresiva.

Pero no todo está en el Mar del Norte e Islas Británicas. El proyecto WINDFLOAT que ya tiene tres aerogeneradores instalados a pocas millas de la costa portuguesa de Viana do Castelo, abre una nueva puerta a la eólica marina en aguas profundas. El sistema es novedosísimo pues el molino se sienta sobre una de las tres patas auto-lastrables de una plataforma de estructura triangular y al ser flotante no precisa de aguas poco profundas sino que puede perfectamente captar vientos en aguas continentales. La buena noticia es que esta tecnología se construye en España. En Ferrol sin ir más lejos.

Una demostración más del buen hacer de nuestros astilleros.

Aquí os dejo más información:

Jack Up Barge

WindFloat