Dibujar en un espacio reducido.

Hola a todas y a todos.

Espero que haya salud en cada uno de vuestros hogares y sigáis con responsabilidad lo que nos están pidiendo desde los organismos y autoridades. Sé que es difícil vivir con nuestros propios movimientos limitados, pero lo que se nos pide es crucial para todos y tenemos que pensar sobre todo en los más vulnerables.

Hoy quiero compartir lo que es, a veces, vivir en espacios confinados como son los barcos, y de esta forma hacer una comparativa con lo que se nos ha pedido hacer a toda la ciudadanía.

La profesión de marino es algo peculiar y no todo el mundo la conoce desde dentro. A menudo la vida en la mar aporta muchísimas enseñanzas que podemos aplicar en la vida de tierra firme. Lo difícil sería traer hábitos de tierra firme y tratar de implantarlos a bordo.

A los marinos se nos enseña desde el primer día que el éxito de un barco sin percances y con una navegación sin novedades, proviene básicamente de la responsabilidad de cada uno, y del obligado cumplimiento de las normas de a bordo. La jerarquía, mal que nos pese, a veces es necesaria y a menudo es clave para el éxito de un trabajo en grupo. A bordo, cada tripulante tiene un cometido concreto que unido al resto de la dotación, garantiza que todo funcione como debe ser. No solo en el funcionamiento del buque sino también en la seguridad de todos.

Es cierto que también hemos sufrido la gestión de un mal Capitán, o un pésimo Jefe de Máquinas, dándonos órdenes equivocadas o mal planeadas, lo mismo que sucede en trabajos de  tierra firme. Por ejemplo como un encargado de obra, un director de departamento, gerente o incluso un político. Pero hablar de esto sería enredarme más y no quiero abusar de vuestro tiempo y bondad al leerme.

Volvamos al tema del espacio vital. El único lugar donde puedes tener algo de intimidad en un barco es tu camarote. Y en los casos de camarotes compartidos, tu litera. Con una cortina que es sagrada y que delimita tu mundo personal con el resto. Ahí debes vivir durante días, semanas o meses. Eso es un ejemplo de espacio confinado. A veces cuatro metros cuadrados, a veces seis, ocho, y a veces, solamente la litera. Afortunadamente, la construcción naval actual nos ha proporcionado mejores espacios de habilitación, dotándola de mayor calidad para la vida a bordo. Los que tenemos mando vivimos algo mejor  que el resto de la tripulación, pero aun así no deja de ser un espacio en el que tus movimientos están muy limitados. Y ya no digamos si te toca navegar en un barco pequeño.

En mi caso, puedo decir que en momentos en los que he vivido en espacios tan reducidos como los camarotes de los barcos, he empleado mi tiempo en dibujar todo lo que he podido. A veces pintando en sitios tan pequeños, que mis pinturas las mantenía con una mano, los pinceles en la otra, y el soporte de dibujo en mi regazo. Así durante días o semanas. Incluso he pintado en la mesa de noche de las habitaciones de las Casas del Mar.

Con lo cual valorad, y mucho, tener un hogar donde en un espacio más amplio que el que os cuento, podéis hacer muchísimas cosas interesantes y enriquecedoras hasta que pase toda esta pesadilla. Leer todos esos libros que por falta de tiempo no has podido. Inventar en la cocina con nuevas recetas o hacer gimnasia. Escribir una novela, un cuento o algo más divertido, hacer una obra de teatro con vuestros hijos.

Aquí os dejo este esbozo hecho con rapidógrafos del 0,1 y 1,2. Ejercicio de formas ovoides basado en las antiguas bombillas incandescentes, como la popa de un vapor en dique seco.

Hablando de espacios reducidos, este dibujo está hecho en una mesa de 50×70, con una lámpara de flexo y apenas espacio para nada más.

Mucha suerte y salud a todas y a todos.

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