La deseada ciencia de las proporciones

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Estos días he estado repasando apuntes sobre igualdad, semejanza, simetría, proporcionalidad, equivalencia y escalas. Ya sabéis, todo eso que estudiábamos cuando éramos niños y que algunos recordamos todavía, aunque se nos haya olvidado todo lo demás. Reconozco que siempre fui un negado en el uso de la regla y me encontraba más cómodo sólo con el lápiz y el papel. Pero a veces el rigor es obstinado, las reglas son obligatorias, y la precisión necesaria.

Cuando proyecto una escena para ilustrar, lo primero que hago es estudiar los barcos desde una visión romántica y artística. Decido cómo y de qué manera los presento en el dibujo. A veces me interesa el entorno que rodea ese momento en el tiempo, y otras, me concentro en el mismo buque. El caso es que dibujar barcos me produce placer, y también conflictos geométricos: no pocas veces tengo que combinar la delineación con el dibujo a mano alzada.

Para ello realizo esbozos muy concretos y con la idea ya definida de lo que quiero hacer. Los barcos son formas que casi siempre se diferencian entre sí, en tamaño y proporción. Cuando manejo fotos y observo las proporciones de unos y de otros, tengo que descartar lo que yo denomino “los tamaños imposibles”. Y, ¿qué esto de los tamaños imposibles?, pues es muy fácil. A veces hay objetos fotografiados que en la realidad ya presentan dimensiones difíciles de explicar y que condenarían mi dibujo a no ser “creíble”. Personalmente huyo de estos modelos porque no me veo capaz de defender ante la crítica, ese trabajo hecho. Lo mismo me pasa con los paisajes.

A veces un paisaje no se puede pintar. Pongo como ejemplo ciertos fenómenos atmosféricos, que son realmente impresionantes, y que no se pueden representar de manera artística. Todos hemos visto alguna vez nubes inexplicables en el cielo, con formas indescriptibles que no se pueden pintar. Soy de los que pienso que hay cosas que es mejor dejarlas así.

Además de todo lo dicho, debo añadir que los barcos se comportan siempre de una manera muy suya, y que esto a veces complica el dibujo. El movimiento de los barcos es la resultante de un juego de fuerzas sumamente complejo. Por tanto debo tener en cuenta factores como las aguas que navegan, el viento, sus dimensiones y por consiguiente cómo reaccionan según su desplazamiento. Para hallar el dibujo perfecto de estos caprichosos temas, es necesario jugar con muchas componentes. La perspectiva, la escala, la información contrastada a través de imágenes,  conocer los barcos desde dentro y por supuesto, tratar de aplicar lo que yo llamo, la deseada ciencia de las proporciones.

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