Relación de mar

El barco del agua en Cadaqués tras la tormenta. Verano de 1968. Acuarela

Sucedió todo de manera caprichosa. Insólita diría. De repente estaba allí, apoyado en la roca, junto al camino empedrado que bordeaba la cala. Quizá alguien lo olvidó o lo dejó a propósito, me temo que nunca lo sabré.

El caso es que era un libro de precioso aspecto, algo usado y con las páginas amarillentas. Encuadernado en guaflex azul veteado y en la tapa de portada, el grabado de la editorial Áncora y Delfín. Es quizá el logo editorial más bonito que he visto nunca. El delfín y el ancla me conectaba directamente con los grabados del veneciano Aldo Manuzio.

Su título La gaviota azul, de Raffaello Brignetti.

Simplemente no me podía creer aquel regalo del destino, que hizo que tuviera  en mis manos el libro de alguien que amaba el mediterráneo de una manera absolutamente sincera. El mar de una juventud, el descubrimiento del amor en los días de verano, la presencia de los faros, o barcos nocturnos como aquellos que recitaba Caballero Bonald.

La narración entre el trasatlántico y el carguero costero navegando en la noche es desgarradora y desesperante. Cuando el médico del lujoso barco da instrucciones por telégrafo al capitán del pequeño mercante, para salvar la vida a un tripulante que no respira.

Es un libro que está descatalogado, pero tenerlo en mi biblioteca es como tener una caracola de mar que nos traslada al sueño de una relación de mar si acercamos nuestro oído.

Il gabbiano azzurro

Vigo-Saint Nazaire – 1975. Prèmiere autoroute de la mer

Affiche realizado para el proyecto Nantes-Saint Nazaire Loire atlantique 2021

En este año 2020 se han cumplido 45 años de la línea regular Vigo-Nantes/Saint Nazaire que tanto desarrollo y progreso ha traído a la ciudad olívica gracias a la factoría del grupo PSA. En el año 1975 la naviera de origen asturiano Vapores Suardíaz ponía en servicio el Rivainfanzón, primer buque ro-ro de la compañía para el transporte de vehículos y semirremolques,  y en 1976 lo hacía la unidad gemela Antonio Suardíaz. Ambos fueron construidos en los astilleros Enrique Lorenzo y Cía. (después Astilleros Vulcano).

Desde entonces, la presencia de esta naviera entre las terminales de Bouzas (Vigo) y Montoir-de-Bretagne (Saint Nazaire) ha sido una constante, siendo una de las primeras navieras europeas en establecer una “autopista del mar” exclusivamente para carga.

Acuarela del ro-ro Rivainfanzón perteneciente al calendario serie Buques Mercantes Españoles 2018.

Acuarela y grafito del ro-ro Bouzas (2002)

 

 

 

Barcos polares. El Kista Dan

Ilustración del Kista Dan y pingüinos emperadores en la Estación Antártica australiana Mawson

A principios de los años cincuenta del siglo pasado, mientras soviéticos y americanos miraban hacia el cielo y empleaban todos sus recursos en dominar la carrera especial, la naviera danesa J. Lauritzen comienza a diseñar un tipo de buque muy particular con el que abriría sin duda una nueva página en la historia de las navegaciones polares. Aunque inicialmente la idea del proyecto buscaba reforzar las conexiones entre Dinamarca y Groenlandia con buques preparados para navegar en condiciones extremas, el objetivo principal de los armadores nunca dejó de ser el de crear barcos para expediciones con fines científicos en el Ártico y Antártico. Fue así cuando en un frío día de enero de 1952 el buque de carga y pasaje Kista Dan  era botado en los astilleros Aalborg Vaerft de Dinamarca.

Según la clasificación del Lloyd´s + 100 A1 ”strengthened for navigation in ice” and “Finnish Ice Class 1A”, el buque podía navegar sin la necesidad de ser asistido por un rompehielos gracias a su casco reforzado.

Con unas dimensiones y características muy modestas hoy día, pero muy novedosas para la época, el Kista Dan marcó el camino a seguir en las construcciones navales de buques polares. Sus primeros viajes los realizó a Groenlandia como transporte convencional admitiendo también pasaje pero poco tiempo después de su botadura, es fletado por el programa de la Australian National Antarctic Expedition (ANARE) para atender a sus estaciones antárticas.  Inicialmente su color fue gris pero pronto se dieron cuenta de que navegando entre hielos, el buque debía ser visto y reconocido con facilidad en medio de los bellos y  monótonos tonos blancos de los casquetes polares.

Fue entonces cuando el color rojo “Lauritzen” se convertía en el símbolo de la compañía danesa hasta hoy día.

Aunque sus dimensiones no le permitían grandes despliegues logísticos el valiente Kista Dan fue equipado con maquinaria especial que podían desembarcar gracias a sus plumas. Los tractores polares Ferguson diseñados expresamente para este tipo de expediciones facilitaron en gran medida la construcción y mantenimiento de las estaciones polares de la época. Además de la logística de tierra, el buque alojaba sobre las tapas de bodega un pequeño avión de reconocimiento Auster AOP.6 adaptado para  despegar y aterrizar sobre el hielo.

Como anécdota cabe decir que en 1954 este barco apareció en la película Hell Below Zero del director Mark Robson ambientada en el mundo de las flotas balleneras.

La vida del Kista Dan bajo la contraseña de J. Lauritzen fue muy corta dado que las expediciones antárticas demandaban buques un poco más grandes y mejor acondicionados para la vida a bordo de los científicos, pero el camino ya estaba marcado por este pionero. Tras él se construyeron el Thala Dan, Magga Dan y probablemente el más conocido y querido por los científicos de la Commonwealth, el Nella Dan. Tras el hundimiento de éste en 1987 frente a la costa de la isla Macquarie, se cerraba una era de grandes logros para la naviera danesa y para el mundo científico.

En aquellos años, los barcos de J. Lauritzen acaban en “Dan”, abreviatura de Dinamarca.

Aquí os dejo algunos enlaces de interés con los que he me basado para documentarme.

J. Lauritzen

Dan ships in Australia

Friends of Nella Dan

Estaciones polares australianas

Copenhague

Copenhague, København, Copenhagen, Kopenhagen, Kööpenhamina, Copenhaga, Köpenhamn, Copenaghen, Копенгаген, Κοπεγχάγη

Acuarela del crucero Cabo Izarra entrando en el puerto de Copenhague. Ybarra y Cía, 1968.

 

Shipspotters. Historia de una afición

El mundo de los observadores de barcos no es algo actual. Ni siquiera se puede considerar  una moda surgida por la incursión de la fotografía digital de hoy día. Internacionalmente conocido como shipspotter, el observador de barcos basa su afición en la fotografía y en la anotación y registro de los barcos que retrata. De la misma forma que existen observadores de aves, fenómenos meteorológicos, aviones, trenes, faros o arquitectura en general.

A todo este colectivo de observadores se les encasilla de manera muy injusta en el mundo “friki” o “freaky” porque tendemos a poner clichés sin conocer bien la definición correcta de las cosas.

Cuando era niño, una de mis aficiones más importantes y probablemente la motivación que me ha llevado hasta aquí fue observar los barcos. Crecí en un barrio alto de Las Palmas de Gran Canaria donde a modo de atalaya podía observarlos durante horas, anotar su nombre, puerto de matrícula, bandera, etc. Mis primeros prismáticos los compré a través de una suscripción del Reader´s  Digest que llegaba a casa cada mes. No era muy bueno pero con él lograba descifrar nombres a varias millas de distancia. También tenía una pequeña libreta donde hacía las anotaciones y registraba todo lo que consideraba interesante. Si se trataba de una maniobra de entrada o salida, anotaba también los remolcadores que habían sido nominados.

UN POCO DE HISTORIA

En el mundo antiguo el observador de barcos ya existía aunque con otros cometidos. Su especial función no solo podía prevenir de un ataque a una población costera, sino que podía ser decisivo a la hora de anunciar la arribada de naves que competían en velocidad para vender antes sus productos. Los oteadores eran capaces de reconocer en el horizonte el tipo de nave que se acercaba tan solo adivinando el aparejo o su empavesado. De esta forma se podía conocer con cierta antelación si las intenciones del visitante eran bélicas o comerciales.

A medida que la navegación evolucionaba la figura del oteador pasó a convertirse en Vigía, algunos de ellos puestos por las autoridades marítimas. Los vigías no solo eran conocedores de las muchas casas armadoras que existían sino que también usaban códigos de señales con banderas para comunicarse con los barcos que se aproximaban a los puertos. En la ciudad de Cádiz, las muchas torres de vigía que existieron eran construidas por los comerciantes y armadores de barcos por una mera  cuestión de estrategia comercial. La torres de vigía evolucionaron hasta convertirse en semáforos y se mantuvieron hasta bien entrado el siglo XX como por ejemplo el de Montjuic en el puerto de Barcelona, Porto Pí en Palma de Mallorca, La Magdalena en Santander o Anaga en Tenerife. Hoy día los vigías están integrados en los Servicios de Practicaje de cada puerto y en los Centros de Coordinación de Salvamento y Sistema de Control de Tráfico Marítimo (VTS).

Acuarela de la Torre Tavira, Cádiz

LA FOTOGRAFÍA Y EL REGISTRO

Al ser uno de los primeros medios de transporte en toda la historia de la humanidad, los barcos siempre han gozado de admiración. La curiosidad que despiertan es enigmática y evocadora, a menudo difícil de expresar. Con la aparición de la fotografía a finales del siglo XIX, esa fascinación se ha podido registrar de manera gráfica y poco más tarde, convertirse en una afición hasta nuestros días.

Es a partir de los años cuarenta y cincuenta del pasado siglo cuando la figura del observador de barcos amateur empieza a sumar adeptos. Provistos de cámara de fotos, prismáticos y libreta comienzan a registrar los barcos que entran o salen de los puertos. A menudo ofrecen sus fotografías a periódicos o editoriales y facilitan a éstos datos relevantes como la compañía naviera, de donde provienen o hacia donde van.

Repasando mis notas acerca de este tema, me he interesado en la biografía de Berenice Abbott (1898-1991) una de las mujeres pioneras más relevantes en la historia de la fotografía y he podido averiguar que en los años cuarenta ya fotografiaba barcos en los muelles del puerto de  Nueva York. Probablemente la cercanía de su estudio en el 50th de Commerce Street a los muelles donde atracaban los míticos trasatlánticos que venían de Europa, despertó en ella el interés por los barcos. Cargada con su inseparable y aparatosa cámara Graflex Pacemaker, se fijaba sobre todo en los remolcadores por el poder que ejercían sobre los buques más grandes y cada vez más vulnerables a medida que se acercaban a los muelles.

Acuarela de Berenice Abbott en el Pier 90 de la Cunard, fotografiando la arribada del Queen Mary. A su izquierda silueta del Normandie de la CGT en el Pier 88, Nueva York

En España, a mediados de los años sesenta aparecen observadores de barcos en diversas ciudades portuarias como Teodoro Diedrich en Santander, Galilea Palau en Barcelona o Camil Busquets. Este último especializado en buques de guerra de la Armada. Prueba de su afición es el enorme legado documental que dejaron a todos los entusiastas de los barcos.

ACTUALIDAD

Los tiempos pasan y los medios fotográficos también son más avanzados. Aparece la fotografía digital que además podemos compartir en tiempo real a través de las redes sociales. Atrás quedan los revelados de carretes, y las cajas de fotos guardadas en estanterías con fichas y anotaciones. Todo o casi todo está digitalizado.

El shipspotter se adapta a los tiempos a la misma velocidad con la que los barcos se modernizan y cambian su fisionomía. Por contra, también los puertos cambian y se vuelven zonas más inaccesibles para la observación y fotografía de buques. La afición empieza a proliferar no solo en España sino en todo el mundo, siendo las zonas de mayor tráfico portuario los lugares donde hay más aficionados. Lugares como Hoek Van Holland  en los aproches a Rotterdam, o la Bahía de Algeciras en Cádiz, el Bósforo, Le Havre, La Valletta, Singapur, Long Island, etc.

En España existen numerosos shipspotters que publican en las redes sociales las fotografías de los barcos que más llaman su interés.  Aunque sé que hay más de los que creo, nombraré los más conocidos por mí, algunos de los cuales, mantengo una excelente relación de colaboración por mi trabajo de ilustración.

En Vigo están Fernando Montes o Javier Alonso. Gracias a su fotografía actualizada, podemos ver las botaduras de las nuevas construcciones en la ría, ver la llegada o salida de toda clase de buques de pesca ya sea bajura o altura, cocheros, o cruceros.

En el puerto de Algeciras, una de las zonas de mayor tráfico marítimo de España y Europa están entre otros, ShipsPhotos, Juan G. Mata , Salvador de la Rubia o el Patrón de remolcador Javier Galo Monge

En Valencia, Gandía, Sagunto, Castellón o Cartagena, tenemos a  Manuel Hernández Lafuente, uno de mis preferidos por la calidez de sus fotografías. Capitán de la Marina Mercante y fotógrafo experimentado, su estilo inconfundible proporciona muchas referencias que aporta a sus composiciones como por ejemplo, la pose, la luz o los tonos. En Valencia también está Antonio Alcaraz Arbelo. Su web Harbour Pilot es muy interesante.

En Tarragona está Àfrica Uyá, una observadora de barcos que nos muestra cada día el movimiento de un puerto muy activo por su estratégica situación junto al polo petroquímico más importante del Sur de Europa. Su trabajo como controladora en el CCS de Tarragona es el propio de un Vigía y ello le permite fotografiar entre otros, a los graneleros o quimiqueros que visitan asiduamente este puerto. También en Tarragona fotografían los Prácticos como Marc Vela

En Barcelona tenemos también al historiador e investigador naval Toni Casinos o a Jordi Montoro. El puerto de Barcelona también es un puerto interesante por la variedad de tráficos y tipología de buques.

En Santander  está el Capitán José Luis Díaz Campa que fotografía los barcos que entran o salen de la capital cántabra.

Sé que me dejo muchos más atrás.

Aunque muchos de ellos tienen su propia web o blog y son muy activos en las redes sociales, hay un lugar en internet donde confluyen todos los shipspotters del mundo. Ese sitio se llama shipspotting. Aquí podréis encontrar una base de datos de alrededor de tres millones de fotos de buques fotografiados en los últimos sesenta años.

SKETCH DE UN SHIPSPOTTER EN HAMBURGO