Funcionalismo sueco. Las escalas del Elgaren y Kolsnaren

Anotaciones recopiladas para la exposición de pintura VÄLKOMMEN GRAN CANARIA*.

Son las primeras horas del 1 de julio de 1980 en el Puerto de la Luz de Las Palmas. En la punta del muelle de León y Castillo con el contradique, hay apostados una treintena de camiones  que esperan en una tranquilidad contenida la estresante arribada del buque multipropósito ro-ro Elgaren de la Rederi Ab TransAtlantic de Göteborg. Y digo estresante porque se trata de una escala cronometrada según requisito de la compañía armadora y la operativa debe ser rápida.

Procedente del Norte de Europa y en ruta hacia Sudáfrica, el Elgaren trae para Las Palmas según manifiesto de carga, una partida de coches suecos Saab modelo 900, Volvo modelos 66 y 240, camiones Scania modelo 141 en chasis y Volvo modelo F89. Además de la carga rodante, turba para la agricultura, madera para la industria,  motores marinos Volvo Penta, contenedores cargados con muebles de IKEA (nota: la primera tienda de IKEA en España se abrió en Las Palmas en el año 1978) y otras mercancías para la isla provenientes de escalas intermedias.

FUNCIONALIDAD SUECA

Con puntualidad escandinava, el Elgaren aparecía enorme y repleto de contenedores tras la farola del muelle y en cuestión de minutos atracaba sus casi 220 metros de eslora con la ayuda de sus hélices transversales (una gran novedad para la época). El Elgaren tenía un hermano gemelo de idénticas características con el que compartía línea regular con Sudáfrica, el Kolsnaren, ambos construidos entre 1978 y 1979 por Mitsubishi Heavy Industries en sus astilleros de Nagasaki, Japón.

Siguiendo las exigencias de los armadores, el diseño sueco requería que el buque fuese práctico, versátil, rápido y a la vez económico, y los japoneses lo consiguieron. Sus más de treinta mil caballos de potencia desplazaban un peso muerto de 28.173 toneladas a una velocidad de 21 nudos de servicio.

Estos barcos fueron concebidos para operar en puertos sin medios de carga y descarga, optimizando así su operativa logística y reduciendo al máximo los tiempos de escala. Su descomunal rampa popel orientada a estribor permitía operar carga rodante (ro-ro) en dos carriles, accediendo a enormes y amplias cubiertas-garaje que lo hacían capaz de mover miles de toneladas de carga en muy poco tiempo. La tipología de la carga era asombrosa puesto que aceptaba contenedores en cubierta (lo-lo), vehículos de todo tipo, roll-trailers, cargas paletizadas fraccionadas en seco (dry-dry) o bajo atmósfera controlada (reefer) ya sea fruta, carne o pescado congelado.

Además de esto, para la manipulación de la carga, el buque disponía de maquinaria propia especialmente diseñada y adaptada para trabajar en bodegas de techo bajo. Para este cometido, los ingenieros de la firma sueca Kalmar diseñaron la carretilla KLMW 35-1200 con capacidad para levantar 35 toneladas y cargar camiones en el interior de la bodega. En términos de estiba, los barcos eran comodísimos y las operativas se realizaban bajo novedosas medidas de seguridad, no solo para el trincaje de la carga, sino para el estibador.

Una vez la rampa-tijera estaba lista para operar, decenas de estibadores se hacían a los mandos de los míticos “mafis” y “forklifts” de horquilla baja para dar cumplimiento a los requisitos del armador del buque, que no era otro que operar el barco en cuatro horas.

En cuanto a la vida a bordo, la habitabilidad para la tripulación estaba catalogada como First-Class. Amplios camarotes individuales con toda clase de comodidades, además de espacios comunes que solo se podían ver en algunos petroleros, como sauna o piscina climatizada.

Ilustración en acuarela: automóviles Saab 900 descargados del buque Elgaren en Las Palmas

Tanto el Elgaren como el Kolsnaren fueron una versión más corta de la serie Boogabilla, ro-ros transoceánicos operados por ScanCarriers que ya estaban dando excelentes resultados de rendimiento en líneas entre Europa, América y Australia.

En resumen, eran buques que no seguían los cánones tradicionales de construcción naval y para muchos eran considerados como “ugly ships”. Una vez más el funcionalismo sueco era más importante que la estética en sí. Y este es un ejemplo más que puede alinearse al diseño de su arquitectura, muebles, automóviles, etc… Sin embargo tenían algo que los hacía encantadores. No puedo negar que su llamativo diseño me causaba  admiración y siendo chaval los dibujé siempre que tuve ocasión, porque el poco tiempo que permanecían atracados era en mis horas de colegio, y al salir de clase como mucho los veía ya en el horizonte en ruta hacia el Norte o Sur.

  1. La línea Göteborg-Sudáfrica operada por Rederi Ab TransAtlantic tocaba los puertos de Hamburgo, Rotterdam, Tilbury, Las Palmas, Sta. Cruz de Tenerife, Cape Town, Port Elizabeth, East London y Durban para retornar en viaje redondo al norte de Europa. Esta línea regular se mantuvo hasta 1985, momento en el que el gobierno sueco anunciaba un boicot a los productos sudafricanos en protesta por el “apartheid”.
  2. Desde entonces tanto el Elgaren como el Kolsnaren fueron reubicados en los tráficos con Australia y EEUU. Más tarde navegaron bajo contraseña de otras navieras como Ignazio Messina, CGM o Merzario. Ambos fueron desguazados en el año 2012 después de más de treinta años de funcionalidad sueca.

* La exposición de pintura VÄLKOMMEN GRAN CANARIA es un proyecto de ilustraciones y pintura que se expondrá en la ciudad de Estocolmo durante el próximo verano de 2021. Esta exposición tratará de manera cronológica, la estrecha relación del pueblo sueco con las Islas Canarias. Será mi primera muestra de pintura fuera de España.

Fuentes consultadas:

Archivo digital de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

Maritime Studies South Africa

MacGregor

Consulado de Japón en Las Palmas

Consulado de Suecia en Las Palmas

Reconocimiento

Este tema lo realicé en el año 2016 para el calendario ilustrado Robinson y durante estos días he recordado esta ilustración para homenajear a mi manera, la increíble labor que hacen las mujeres y hombres de Salvamento Marítimo. Como marino, me tranquiliza saber que a lo largo de los casi ocho mil kilómetros de costa y un radio de influencia de un millón y medio de kilómetros cuadrados de mar, esta gente vela por la seguridad marítima y lucha contra la contaminación marina.

Para conocer más: Salvamento Marítimo

La música en mi pintura

 

Hoy os quiero hablar de la música en mi pintura. O mejor dicho, la música que ha influido en mi vida y que hoy pone banda sonora a lo que hago.

Quizá te sorprenda saber amiga o amigo seguidor, que la música es para mí, una herramienta más en mi trabajo. Es el pincel más equilibrado de todos los que pueda tener, la mezcla más perfecta  de pigmento o el papel de mejor calidad que use.

Es cierto que muchos artistas trabajan con el más absoluto silencio, y aunque el silencio no es otra cosa que la ausencia de ruido, esto también es para mí importantísimo porque no en todos los momentos que trabajo escucho música.

Si nos remontamos hacia atrás en la historia del arte, encontraremos que también hubo artistas que pintaban escuchando música. Por ejemplo Kandinsky amaba la música y se sabe que tanto Wagner como Mussorgsky le encantaban. A Picasso le gustaba escuchar flamenco, a saber su aportación en el montaje del El sombrero de Tres picos de Manuel de Falla. Hay otros casos más contemporáneos como el pintor polaco Zdzislaw Beksiński, que escuchaba música clásica porque no era capaz de trabajar con silencio. O Jackson Pollock, que se sumergía en el Jazz Bebop de Charlie Parker o Thelonious Monk para crear sus complejas composiciones.

INFLUENCIA

¿Qué fue primero en mi vida, la música o la pintura? Sin duda fueron casi de la mano. Soy el mediano de seis hermanos y la influencia musical entró de manera vertical descendente. Y digo lo de vertical descendente porque desde mi padre que tocaba el Timple y la Guitarra “de oído” hasta mi hermana pequeña que en la actualidad es profesora de piano, todos hemos tenido un oído puesto en la vida, y el otro en la música. Fue a través de mi hermano mayor cuando los primeros vinilos y cassettes entraron en casa y además de eso, siempre se cuidó de que tuviésemos un equipo de música para escucharlos. Para los estudios de música de mi hermana pequeña teníamos un piano vertical “Cherny” (Chernigov, Ukraine) que a pesar de su espartano diseño post-soviético, no sonaba mal. Y mientras tanto, en el otro lado de la casa, mi hermano pequeño y yo grabábamos y escuchábamos miles y miles de horas de música de muchos estilos diferentes. Este trabajo de recopilación y escucha lo hemos mantenido siempre aunque sea mi hermano el que alberga más capacidad de análisis y experimentación que yo, realizando sesiones tipo Groove muy interesantes con mezclas en tornamesa (dos platos) y control digital. Paisajes sonoros que para mi trabajo son muy agradables.

TEMPO

En la terminología musical se dice que Tempo es la velocidad con la debe ejecutarse una pieza musical. Pues bien, volviendo a mi estudio y según lo que esté haciendo, la música que escucho tiene que tener un Tempo concreto.

Si estoy esbozando algo de manera poco definida y rápida para “anclar” una composición es posible que suenen sonidos sintetizados de Solar Fields (Random Friday, Earthshine, etc) o Jean Michel Jarre y me pierda en Equinoxe, Oxygène, Magnetic Fields o Zoolook. Normalmente estas músicas me ayudan a trazar de manera más definida la idea que tengo en la cabeza antes de que se me vaya.

Al trazar una costa reconocida o una escena costumbrista, Vangelis siempre me acompaña. Sus múltiples paisajes sonoros como Memories of Green, Abraham´s theme, Le singe bleu, Spanish harbour o La petite fille de la mer, conectan directamente con lo que hago.

Sin embargo al trazar las líneas de un barco la música puede ser diferente, pero en ambos casos el resultado es siempre lo que busco. Lo sublime de la música es que pueda influir en algo así. De esta forma, dibujar las formas de un vapor de pasaje del siglo pasado escuchando el Concierto para Piano núm. 2 Op. 18 de Sergei Rachmaninov es una experiencia que personalmente me edifica y ordena las ideas en mi cabeza. Lo mismo ocurre si trazo un carguero de los años setenta mientras suena The Dark side of the Moon de Pink Floyd, Time de Electric Light Orchestra, o Pyramid de Alan Parsons Project.

Para las veladuras de cielos con carga atmosférica pruebo con Robert Schumann porque pienso que algo se puede desatar de un momento a otro. Es algo meteorológico. Si el cielo es apacible y transmite tranquilidad, probablemente suene Frederic Mompou, Arvo Pärt, Wim Mertens, Yann Tiersen, Ryuichi Sakamoto, Max Richter o Bossa Nova de João Gilberto.

Si el trabajo es ilustración o edición donde no necesito un rigor musical escucho Pat Metheny Group, Miles Davis, Robin Foster, Röyksopp, Air, Redhead Blonde o Tycho. Aquí cualquier cosa me puede valer. Desde el indie español de Annie B. Sweet, pasando por Delafé y las Flores Azules, hasta el shoegazing de Slow Dive o Beach House. En estos procesos creativos también suelo escuchar a cantautores como Serrat, Aute o los primeros discos de Joaquín Sabina (hasta El hombre del traje gris), o guitarristas como Paco de Lucía, Narciso Yepes, o el paragüayo Agustín Barrios.

CLASIFICACIÓN

El espectro musical de mi gramola personal es inclasificable porque mi trabajo es diverso y además he aprendido desde que era chaval que no debemos cerrarnos con la música. Siempre hay algún tema o mundo sonoro por descubrir.

A todo esto hay que sumar que los marinos somos un poco especiales con el tema de la música. Hay de todo. Esto me recuerda una anécdota simpática que tuve con un Capitán malagueño que me decía que cada vez que iba para Sevilla y llegaba a la estación de Prácticos de Chipiona para remontar el Guadalquivir, siempre ponía a Rocío Jurado en el puente hasta que embarcase el práctico. Decía que Rocío Jurado era la más grande y esa era su manera de recordarla.

Para terminar, quería aprovechar esta entrada “musical” para deciros que hoy viernes 11 de septiembre este blog de ilustración y retrato naval realiza un  “hermanamiento” en la distancia con otro sitio del universo WordPress al que sigo, Música y Oxígeno, el cual dedica su espacio a la música en casi todos sus géneros. A la batuta de Antonio Chico, en él podrás encontrar muchos de los temas musicales que no solo forman parte de su vida, sino también de la tuya. Sus análisis hechos desde el corazón y menos edulcorados que los de algunos críticos de música, te hacen entender mejor el significado de muchos temas míticos de los últimos sesenta años. Una gran labor de difusión que merece ser conocida para todo aquel entusiasta de la música de las últimas décadas.

Carta de amor de un Radiotelegrafista.

Vapor Cádiz y mujer antillana. Acuarela y edición.

El vapor Cádiz de Pinillos parecía otro y más grande en aquel muelle de la Machina y San Francisco. Después de un día despachando pasaje y mercadería de todo tipo proveniente de España, se preparaba para zarpar rumbo a Nueva Orleans y de allí regresar de nuevo a Cádiz.  La Habana amanecía resplandeciente y bulliciosa en aquella primavera de 1920.

El joven Oficial de Radio desembarcó con permiso del Capitán y se encaminó con cierta prisa hacia el centro de la ciudad. La esperó en la Confitería La Habanera entre las calles Lamparilla y Armagura, justo en el mismo lugar donde se conocieron. Esperó de pie hasta que pudo sentarse en la misma mesa donde juntos tomaron por última vez café y dulce de Guayaba. Cada viaje desde Cádiz a La Habana se hacía interminable para aquel marino que ya solo ansiaba doblar el Castillo del Morro y atracar cuanto antes en aquellos muelles laboriosos, solo para encontrarse de nuevo con ella.

Cuando la joven antillana entró en el local, los ojos del impaciente argonauta parecían iluminarse. Saltó de la silla como un resorte y ya no se sabía si era un hombre uniformado o un uniforme con un hombre dentro. La belleza de la joven lo eclipsaba sin remedio pero poco a poco su tranquila presencia lo devolvía a tierra firme. Ya sentados, él le entregó una carta en un sobre con el membrete de la naviera y el nombre del vapor.

– Quiero que la leas cuando me encuentre en alta mar – dijo en voz baja mientras miraba aquellos ojos negros ensimismados.

– ¿No prefieres que lo haga delante de ti?– preguntó la joven

– Mejor léela en tu soledad–

– Entonces, ¿volverás? –

–  Volveré –

El resto de las horas pasaron como si nada, paseando ajenos entre las calles Obispo y San Rafael, y poco más abajo, el malecón. En su cabeza retumbaba la orden de estar a bordo a la hora señalada y el joven se debatía entre su deber y la pasión. Ella lo acompañó hasta el edificio de la Lonja del Comercio junto al Muelle de San Francisco. Allí, otros compañeros uniformados esperaban cola para pasar al muelle, cargados de paquetitos con regalos y encargos que llevar de regreso a casa.

De repente, el momento en el que nunca sabemos cómo será hasta que llega. La despedida, el beso y aquella carta doblada en un puño. El recuerdo de ese momento breve pero interminable en su mente, que lo acompañaría siempre en todas las horas de guardia en alta mar.

Momentos en el mar

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Muchos sabéis que uno de mis pintores favoritos fue Joseph Mallord William Turner. Su dominio de la luz en la acuarela y su sutil uso de los pinceles a la hora de sugerir objetos es algo que me ha fascinado siempre. Al hilo de este tipo de pinturas paisajísticas y con un grado importante de romanticismo, os muestro este tema que en mi manera de entender mi profesión como marino, podría definir como un “momento en el mar”.

Justo hace un mes recibí un encargo muy especial para mí, porque además de venir de alguien que es compañera de profesión (cosa que siempre me alegra) la ilusión se ve doblemente motivada al ser una de las primeras mujeres de España en obtener el título de Capitán de la Marina Mercante. Hablo de la bilbaína Idoia Ibáñez Ozores, que me ha autorizado a compartir con vosotros este tema inspirado en uno de sus momentos en el mar. Concretamente en el puente del buque-tanque Calvo Sotelo de Campsa.

Puedes estar zarpando de un puerto o en alta mar, que una puesta de sol o un atardecer, siempre te deja sin palabras. Si en tierra firme ya nos parece algo sublime, imaginaos cuando lo único que tienes por delante es la proa de tu barco y te adentras en la inmensidad mientras las olas de un tiempo fresco rompen en la proa.

Todas esas luces indescriptibles, que muy difícilmente se pueden representar tal cual vemos porque el cielo va cambiando por segundos y solo la memoria gráfica ayuda a que no olvidemos todos esos instantes. Toda esa mar que ha embarcado en la última ola y ahora recorre la cubierta buscando por donde volver allá abajo. En el puente alguien tose mientras sientes una vez más la vibración que estremece al buque tras romper con otra ola. La radio VHF habla en el idioma del mar. Comunicaciones de otros barcos que a lo mejor no ves, pero están ahí. Fuera de las cuatro millas, te despides de la estación de prácticos, y solo entonces, te quedas a solas con todas esas luces que parecen incendiar el cielo.

He disfrutado mucho con este tema y además ha sido un honor para mí. Agradezco mucho las sugerencias de Idoia, no solo del momento vivido a representar, sino también desde la perspectiva artística, puesto que ella también pinta.

El buque-tanque Calvo Sotelo fue construido en 1977 por la Empresa Nacional Bazán en Ferrol y fue gemelo del Campodola, ambos operados por Campsa y después por CLH (Compañía Logística de Hidrocarburos). Después de veintiocho años de vida marinera se desguazó en Chittagong en el año 2005.

Fue en 1979, dos años después de la botadura del Calvo Sotelo cuando las mujeres pudieron comenzar a cursar estudios de Náutica en España y en torno a los años noventa cuando comenzaron a tomar mando en los buques. Hoy día, desgraciadamente seguimos estando por debajo de la media europea en materia de igualdad en las profesiones del mar.

Idoia es una de esas pioneras.

Luz y contraluz

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Este apunte en acuarela del Faro de Cullera (Valencia) lo pinté en marzo del 2016 y es un tema que me produce mucha calma interior. A veces vives momentos personales perfectos que te inspiran a la hora de esbozar una escena y plasmarla en un papel.

Recuerdo que el juego de luces y sombras me cautivó al instante y veía claros paralelismos con la vida que a veces nos toca vivir. Hablo de esa parte de luz brillante que todos tenemos y por otro lado, de esas sombras de las que no podemos librarnos pero que completan nuestro todo imperfecto.

Si queréis conocer algo más sobre este faro y su entorno, podéis visitar esta web que es muy interesante: Faro de Cullera

Escena costumbrista en el puerto de Muros. Galicia.

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Siguiendo con las publicaciones que subo cada final de semana hoy os enseño una obra reciente, fruto de un encargo dentro del programa “Apadrina una pintura 2020”.

La escena está ambientada en la Ría de Muros y Noia en Galicia, a finales del siglo XIX, momento en el que el puerto de Muros tenía una actividad pesquera muy importante gracias a la industria conservera que se había asentado en la comarca. Una de esas familias provenientes de Cataluña fue la mítica Casa Portals, muy conocida por las “muradanas” y “muradanos” (gentilicio de Muros). Bajo la marca comercial LA MURADANA, esta familia exportaba pescado en salazón y más tarde conservas en aceite de su producto estrella, las sardinas.

Y como toda casa comercial de la época donde la exportación era su modo de vida, tuvieron también varios barcos propios, dedicándose además a la actividad naviera. En base a esto quisiera explicaros algunos detalles de la escena representada

Según el encaje inicial hay varios factores muy importantes para mí, que son el componente humano, los barcos protagonistas, los barcos secundarios y la perspectiva.

COMPONENTE HUMANO: Situando al observador en la rampa del varadero principal del puerto, se puede contemplar en un primer plano a la xente do mar (gentes del mar). De izquierda a derecha tenemos a un pescador trasegando en su barca, otro de más avanzada edad limpiando pescado en la orilla de la rampa y a la derecha una pescantina esbelta y sonriente con unas cestas de pescado de la época. Normalmente las mujeres iban de luto riguroso y más si habían perdido algún ser querido en la mar, con lo cual su vestimenta solía ser monocolor. Sin embargo me apetecía que esta figura transmitiera algo de energía positiva al rudo y precario trabajo de aquellos tiempos. En este primer plano he añadido unas gaviotas revoloteando alrededor del pescado.

BARCOS PROTAGONISTAS: Según el esbozo inicial, la idea era colocar abarloados en el centro-izquierda y en segundo plano a dos de los Bergantines-goleta que la Casa Portals tenía en propiedad. Concretamente el Alejandro (izquierda) y Rosa (Derecha). Abarloar dos barcos casi idénticos en eslora y además de vela no es fácil puesto que hay que tener cuidado de no “tocarse las arboladuras”. Para ello se labora con la jarcia de las vergas de manera que los penoles no se toquen entre sí y evitar que se produzcan averías con los balanceos. Como se puede apreciar, el bergantín-goleta Rosa está cargando salazón en toneles y barricas de madera que las barcas le llevan al costado. También se puede apreciar que algunas velas tienen rizos largados para facilitar las tareas de reparación o secado del velamen.

Para los más puristas el fondeo no suele ser tan cercano a la rampa, pero en días de calma absoluta y sin viento se decidía que fuera así para que las barcas que llevaban el salazón al costado de los barcos no empleasen tanto tiempo en la navegación y así la carga fuese más rápida. El fondeo era más abierto teniendo además en cuenta las corrientes causadas por la pleamar y bajamar.

BARCOS SECUNDARIOS Y PERSPECTIVA: Llamo barcos secundarios a aquellos que utilizo para dar profundidad y perspectiva a la escena. A veces no son barcos reconocidos pero si es importante para mí saber que están. Así que de izquierda a derecha se aprecian veleros “salineros” del Mediterráneo esperando viento para zarpar, Dornas y Traíñas de pesca (embarcaciones autóctonas de la costa gallega con vela al tercio y mística) y a la derecha, un vapor costero entrando en lastre con poca máquina buscando tenedero para fondear y esperar su turno de carga. La silueta del lado sursureste (SSE) de la ría con el Barbanza al fondo, terminan la obra.

La técnica usada es acuarela y algunos toques de gouache.

Los nuevos paisajes del mar. Eólica marina.

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Estudio en acuarela gris payne del remolcador Red Wolf junto a la jack up barge JB117 en tareas de apoyo logístico. Pintada en el año 2016.

 

El mar es la gran reserva de la naturaleza. El mundo por así decirlo, comenzó en el mar, y quien sabe si no terminará en él.

20.000 leguas de viaje submarino. Julio Verne

 

La primera vez que tuve relación con la eólica marina fue en el año 2012 cuando embarqué en el puerto de Eemshaven (Holanda) como Segundo Oficial en el remolcador Red Husky de bandera española, que junto con su gemelo el Red Wolf operaron como “leader tugs”.  Nuestro cometido era el de remolcar y anclar las plataformas de instalación de aerogeneradores JB 115 y JB 117, que estaban asignadas al campo eólico BARD 1, situado a unas 50 millas náuticas de la costa Alemana y con proyección de instalar 80 turbinas. En aquel tiempo la construcción de BARD 1 estaba pasando a su segunda fase y allí pude darme cuenta de lo mucho que iba a cambiar el paisaje del mar.

Ocho años después, los campos eólicos no han parado de construirse y ahora mismo no hay un trozo de horizonte en el Mar del Norte donde no veas molinos girando según la dirección del viento.  Estos enormes complejos comparten espacio con las rutas marítimas mercantes, dejando auténticos “pasillos” para la navegación. Pero además de esto, hay otro paisaje que ya estaba antes y es el de las plataformas de extracción de gas y petróleo algo más al norte.

En tierra firme las centrales térmicas de combustibles fósiles se van clausurando poco a poco y junto con campos eólicos en las zonas más ventosas del continente, la energía eléctrica procede cada vez más del mar.

Según la batimetría del Mar del Norte, la profundidad es sorprendentemente pequeña con respecto a otras zonas. En los campos eólicos en los que he estado los molinos se “plantan” en el fondo del mar porque la mayoría de esas áreas no superan los cuarenta metros de profundidad. Esto genera una cantidad de obra marítima nunca vista hasta ahora y es sorprendente ver el número de buques construidos expresamente para estos proyectos y que no sirven para otra cosa más que para instalar molinos en el mar.

Uno de los barcos que más me impresionó en aquellas primeras campañas en el mar del Norte fue la plataforma autopropulsada Windlift I, “martilleando” literalmente los pilares (monopile y tripile) en los que se apoyaría la estructura del aerogenerador. Cada golpe que asestaba aquel enorme martillo hidráulico se sentía a una distancia de diez millas con el consiguiente daño medioambiental que ello generaba, sobre todo a la fauna marina. A bordo del remolcador te tenías que alejar un poco si querías dormir sin aquel golpe insistente que se convertía en una tortuosa molestia. Y es que el eco submarino traspasaba cualquier ruido del buque y era imposible no escucharlo.

Afortunadamente, la tecnología a veces avanza para bien, y los problemas medioambientales generados por estos sistemas de construcción offshore han sido mitigados por maquinaria menos agresiva.

Pero no todo está en el Mar del Norte e Islas Británicas. El proyecto WINDFLOAT que ya tiene tres aerogeneradores instalados a pocas millas de la costa portuguesa de Viana do Castelo, abre una nueva puerta a la eólica marina en aguas profundas. El sistema es novedosísimo pues el molino se sienta sobre una de las tres patas auto-lastrables de una plataforma de estructura triangular y al ser flotante no precisa de aguas poco profundas sino que puede perfectamente captar vientos en aguas continentales. La buena noticia es que esta tecnología se construye en España. En Ferrol sin ir más lejos.

Una demostración más del buen hacer de nuestros astilleros.

Aquí os dejo más información:

Jack Up Barge

WindFloat